Mirá como cinco perros se convirtieron en testigos de un casamiento “firmando” con su pata

Mirá como cinco perros se convirtieron en testigos de un casamiento “firmando” con su pata

Una ceremonia en San Rafael logró una autorización inédita del Registro Civil y abrió el debate sobre el rol de los animales en los vínculos afectivos. La participación de perros rescatados en un acto oficial volvió a poner en foco el avance del concepto de seres sintientes y el impacto de las nuevas configuraciones familiares.

La historia de Darío Hernández y Nicolás Da Col volvió a poner a Mendoza en el centro de una conversación que crece en todo el país: el lugar que ocupan las mascotas dentro de las nuevas configuraciones familiares. La pareja, ambos proteccionistas, logró algo inédito en la provincia al conseguir que sus cinco perros rescatados fueran testigos honoríficos de su casamiento civil en San Rafael.

La autorización del Registro Civil de Mendoza marcó un precedente. Si bien las huellas de los animales no modifican el acta legal, el organismo permitió que quedaran asentadas en un documento simbólico paralelo. Según explicaron fuentes oficiales, la evaluación se hizo bajo un criterio que viene ganando espacio en normativas provinciales y nacionales: considerar a los animales como seres sintientes, capaces de establecer vínculos y experimentar emociones. Esa perspectiva fue clave para habilitar la participación de Máxima, Kibou, Coco, Atilio y Rafael.

El pedido había sido presentado meses atrás y generó un intercambio interno para determinar si existía algún impedimento jurídico. Finalmente, se resolvió autorizar la intervención bajo dos condiciones: mantener los requisitos formales del Código Civil y encuadrar la participación de los perros en un registro sin validez legal, pero con fuerte valor afectivo. Estuvo hermoso y lloramos todos”, contó Darío después de la ceremonia, una frase que sintetiza el impacto emocional del momento.

La boda se realizó en una finca rodeada de viñedos y desde el inicio quedó claro que no sería una celebración convencional. Los novios organizaron el espacio para que los animales circularan con libertad y sin estrés, en coherencia con la vida que comparten desde hace más de una década. Uno de los instantes más recordados fue la llegada de los anillos: Atilio y Rafael caminaron hacia el altar con pequeñas bolsas sujetas al lomo, provocando sorpresa y ternura entre los invitados.

La historia detrás de cada perro explica por qué su presencia era indispensable. Kibou, cuyo nombre significa “esperanza”, fue el primero en llegar al hogar. Luego se sumaron Máxima, rescatada en pandemia; Coco, que atravesaba una enfermedad dermatológica; Atilio, que sobrevivió a lesiones gravísimas; y Rafael, encontrado como cachorro tras un accidente. Muchos otros animales pasaron por su casa en tránsito, pero estos cinco quedaron como parte permanente de la familia.

En ciudades de Estados Unidos y Europa es habitual que las mascotas participen de ceremonias civiles o simbólicas, aunque lo ocurrido en San Rafael suma un elemento distintivo: la existencia de una autorización formal para dejar huellas en un documento paralelo. Especialistas en bienestar animal señalan que este tipo de hechos refleja un cambio cultural profundo, donde los animales domésticos ocupan un rol central en la vida afectiva de muchas personas.

La jornada terminó con una imagen que resume el espíritu del evento: mientras los novios firmaban los papeles simbólicos, los perros descansaban entre las sillas, como parte natural de la escena familiar. Uno de los presentes lo definió con una frase que quedó resonando entre los invitados: “Nunca había visto que los testigos se movieran tanto y a la vez transmitieran tanta ternura”. 

Mirá aquí el video completo del momento en donde los perros de la pareja “firman” formalmente el acta de casamiento.

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