El Club Mini genios: el espacio mendocino que siembra curiosidad científica en los más pequeños

El Club Mini genios: el espacio mendocino que siembra curiosidad científica en los más pequeños

Talleres multisensoriales, robótica, arte y juego son hoy herramientas clave para formar niños críticos, sensibles y preparados para los desafíos de este siglo marcado por la irrupción tecnológica. El Club de los Mini Genios es una propuesta educativa independiente, actualmente en plena expansión, que acerca estas experiencias a escuelas, empresas y comunidades.

La curiosidad científica, el pensamiento creativo y la empatía no son habilidades que aparecen de golpe en la adolescencia. Según especialistas en neurodesarrollo y educación, se cultivan desde los primeros años de vida. En ese marco, crecen las propuestas que buscan acercar la ciencia, el arte y las habilidades socioemocionales a niños y niñas antes de los 10 años, con formatos lúdicos, accesibles y multisensoriales.

“La infancia es una ventana de oportunidad única. Lo que se estimula en esos años tiene impacto directo en cómo los chicos aprenden, se vinculan y entienden el mundo”, explica la María Soledad Tinelli, responsable de Relaciones Públicas e Institucionales del Club.

La reciente campaña del CONICET en el Cañón Submarino de Mar del Plata, que despertó asombro en redes y medios, puso a la ciencia en el centro de la conversación pública. Pero también dejó una pregunta abierta: ¿por qué esperar a que los chicos sean grandes para acercarles el conocimiento? “Ver a investigadores explorar el fondo del mar fascina. Pero esa fascinación puede empezar mucho antes”, sostiene Romina Ábrego, directora del Club Mini Genios, una iniciativa mendocina que trabaja con niños de 3 a 13 años.

Desde la pedagogía, se insiste en que el aprendizaje activo —aquel que involucra el cuerpo, la emoción y la experiencia— es el más efectivo en la infancia. “Cuando los chicos construyen, preguntan, se equivocan y vuelven a intentar, están desarrollando pensamiento crítico, tolerancia a la frustración y habilidades cognitivas profundas”, señala Ábrego. Por eso, cada vez más proyectos integran ciencia, arte y tecnología en sus propuestas educativas.

En Mendoza, el Club Mini Genios combina talleres de ciencias, robótica, teatro, canto, cine, inglés y lectoescritura, con enfoque STEAM y atención personalizada. Aunque no es el único espacio con esta mirada, su modelo refleja una tendencia creciente: educar desde la exploración, la creatividad y el juego. “La ciencia no es solo una materia escolar; es una forma de mirar el mundo”, afirma Ábrego.

La clave está en ofrecer experiencias significativasy accesibles, adaptadas a cada edad, que despierten el deseo de aprender. “No se trata de adelantar contenidos, sino de sembrar preguntas, habilitar el asombro y mostrar que el conocimiento está al alcance de todos”, agrega Tinelli. En ese sentido, el uso de materiales reciclados, kits tecnológicos y dinámicas grupales permite que los chicos se involucren activamente, sin importar su contexto.

Desde el ámbito privado, el Club de los Minigenios impulsa talleres de robótica, arte y actividades multisensoriales, con el objetivo de acercar estas experiencias a escuelas, empresas y centros comerciales. En Maipú, se proyectan nuevas alianzas para ampliar el alcance de la propuesta. “Queremos que estas experiencias lleguen a cada aula, a cada barrio y a cada espacio donde haya niños con ganas de descubrir”, concluye Tinelli.

La apuesta por una educación integral también contempla la creación de un sistema de becas para niños de escuelas públicas y el desarrollo de talleres itinerantes, con el objetivo de que más chicos puedan acceder a estas experiencias. “La infancia es el momento ideal para sembrar el amor por el conocimiento. Si queremos ciudadanos capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI, necesitamos empezar por ahí”, concluye Ábrego.

Quienes deseen conocer más sobre los talleres pueden comunicarse al +54 9 2617 25-9551 o visitar el Instagram @minigeniosclub Porque educar en ciencia, arte y emociones no es solo enseñar: es transformar realidades desde la raíz.

En un mundo cada vez más complejo, formar niños capaces de pensar, crear y colaborar es una apuesta urgente. La educación científica, artística y emocional en la infancia no es una moda: es una estrategia de futuro.

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