Humanización de las mascotas: una tendencia en auge que preocupa a especialistas

Humanización de las mascotas: una tendencia en auge que preocupa a especialistas

Cada vez más personas integran a sus animales de compañía en dinámicas familiares, afectivas y sociales que antes estaban reservadas a los vínculos humanos. Esta transformación, impulsada por el auge de las redes y el consumo emocional, plantea desafíos concretos para el bienestar animal y la convivencia cotidiana.

En los últimos años, el fenómeno de la humanización de mascotas ha ganado terreno en redes sociales, medios y hogares argentinos. Desde cumpleaños con torta y gorrito hasta perfiles en Instagram con miles de seguidores, los perros y gatos parecen haber dejado de ser animales para convertirse en “hijos peludos”. Sin embargo, especialistas advierten que esta tendencia puede afectar su bienestar físico y emocional, al imponerles roles y expectativas propias de los humanos.

Según un estudio de la Universidad Eötvös Loránd (Hungría), los perros pueden reconocer palabras y emociones humanas, pero no poseen las estructuras cerebrales necesarias para desarrollar lenguaje como el nuestro. “Confundir la comprensión con el habla es peligroso. El perro no puede razonar como una persona, y tratarlo como tal puede generar frustración en ambos lados del vínculo”, explica la etóloga argentina Mariana Gutiérrez.

En Argentina, el 78% de los hogares tiene al menos una mascota, según datos de la consultora Kant. De ese total, el 42% considera a su perro o gato como “un miembro más de la familia”. Si bien este vínculo afectivo puede ser positivo, los expertos insisten en que el amor no debe traducirse en humanización, sino en respeto por las necesidades reales del animal: ejercicio, socialización con otros de su especie, alimentación adecuada y espacio propio.

Un caso reciente en Mendoza generó debate: una pareja logró que sus cinco perros fueran testigos oficiales de su boda, con autorización del Registro Civil. Aunque el gesto fue celebrado por muchos, también abrió interrogantes sobre los límites entre el afecto y la proyección emocional. “Los animales no entienden el concepto de matrimonio. Participar en rituales humanos puede ser estresante si no se respeta su naturaleza”, advierte Gutiérrez.

La cultura pop también juega un rol clave. Películas como Bolt o La razón de estar contigo refuerzan la idea de que los perros “piensan como humanos” y tienen misiones emocionales. En redes, abundan videos de mascotas “hablando” con botones o usando disfraces. “Es importante distinguir entre entretenimiento y realidad. El perro no elige vestirse ni comunicarse con tecnología: lo hace porque fue entrenado o condicionado”, señala el veterinario Pablo Luján, especialista en comportamiento animal.

Eventos como la Maratón Animal  en Capital, donde más de mil personas corrieron junto a sus perros, muestran una alternativa saludable: compartir actividades que respeten la naturaleza física y lúdica del animal, sin imponerle roles humanos. “La clave está en entender al perro como perro, no como hijo, amigo o pareja. Su bienestar depende de que lo tratemos como lo que es”, concluye Luján.

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