El pato Juan, la mascota de una florería del centro de Mendoza, fue retirado tras una denuncia por parte del municipio. Ahora, el Concejo Deliberante busca una salida institucional al conflicto que despertó una fuerte reacción en los mendocinos que hasta juntaron firmas para que el animal pudiera volver.
La historia del pato Juan, el ave que se ganó el corazón de los mendocinos en la esquina de San Martín y Garibaldi, sumó un nuevo capítulo. Tras ser retirado por una denuncia y un operativo municipal, la situación fue elevada al Concejo Deliberante de Ciudad, donde se busca una solución institucional que contemple su bienestar.
Desde hace días, quienes caminan por el centro de Mendoza notan la ausencia de una presencia insólita pero entrañable: el pato Juan, mascota de una tradicional florería ubicada en el Kilómetro 0. Su ausencia generó revuelo en redes sociales, donde se multiplicaron los mensajes de apoyo y una campaña de firmas para su regreso.
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La denuncia fue realizada por una vecina, quien alegó que se trataba de una ave de corral mantenida en la vía pública, en contravención con la Ordenanza Municipal N.º 2928/90. Tras una inspección, el municipio exigió su retiro en un plazo de 48 horas, bajo amenaza de sanción económica y decomiso. Desde entonces, Juan está recluido en el domicilio de su cuidadora, Margarita Flores, alejado del entorno que lo vio crecer.

El caso del pato Juan llegó al Concejo Deliberante de la Ciudad de Mendoza
Ante el impacto público del caso, el concejal Ricardo García, del Partido Verde, presentó un proyecto de resolución para abordar el tema desde una perspectiva técnica y participativa. Propuso conformar una mesa interdisciplinaria que reúna a expertos en fauna urbana, veterinarios, organizaciones proteccionistas y representantes del gobierno municipal.
“Estamos frente a un ser sintiente, parte de una familia interespecie, que hoy padece las consecuencias de una medida administrativa. Necesitamos sentido común, diálogo y una solución basada en el bienestar animal”, afirmó en el proyecto.
García cuestionó el criterio aplicado por la Municipalidad y aseguró que el pato presenta signos de estrés, irritabilidad y deficiencias alimentarias desde su traslado. Además, resaltó que el animal fue criado en ese entorno, sin contacto con otros de su especie, y con un fuerte vínculo afectivo con vecinos y turistas.
La ausencia del pato motivó una reacción inmediata en redes sociales. Más de 8.000 personas firmaron un petitorio espontáneo para que Juan regrese a la florería. En su lugar, sus dueños colocaron un banquito en la vereda y un cartel que decía: “Hola, soy Juancito, les quería comentar que me hicieron una denuncia y no me dejan estar”.
Más allá del debate legal y técnico, el pato Juan se convirtió en un ícono del centro mendocino. Era habitual verlo recorrer la vereda, tomar agua en su bebedero y hasta “leer” en la vidriera de una librería cercana.
Por eso, la propuesta presentada en el Concejo busca abrir un canal institucional que permita encontrar una solución con respaldo técnico y consenso ciudadano, sin caer en resoluciones unilaterales que ignoren el impacto social y afectivo que Juan genera.

