Los perros siguen en la casa donde vivían con su dueño, pero la situación se volvió delicada en los últimos días y ahora necesitan adopciones responsables.
El lazo entre las personas y sus perros muchas veces se construye en la rutina, en la compañía diaria y en una presencia que no pide nada a cambio.
Tal es el caso de Alberto, para quien ese vínculo fue el centro de su vida. Vivía solo en Las Heras y todo lo que tenía lo compartía con sus cinco perros, a quienes cuidó hasta su último día.
Alberto era un vecino del barrio Parque Norte. No tenía grandes recursos, pero sí una prioridad clara: sus perros. Quienes lo conocieron cuentan que, incluso en los momentos más difíciles, nunca les faltó alimento ni atención. De hecho, cuando ingresaron a su vivienda tras su fallecimiento, la imagen habló por si sola: casi no había comida en la heladera, pero sí dos bolsas de alimento balanceado destinadas exclusivamente a sus mascotas.
Celia conoció a Alberto a la distancia, a través de llamados telefónicos. Él se comunicaba para consultar qué necesitaban sus perros y, cuando era posible, una persona amiga se encargaba de acercarle ayuda. La relación se sostuvo así hasta que Alberto falleció de manera repentina. Desde entonces, los cinco perros que vivían con él quedaron solos en la casa que siempre fue su hogar.
Se trata de cinco perros adultos, de tamaño grande entre 25 y 30 kilos, algunos mestizos tipo ovejero. Son dos machos y tres hembras, estas últimas ya castradas. Sus nombres son Toretto, Chicha, Capitana y otros dos que también formaron parte de la rutina diaria de Alberto. Están sanos, bien cuidados, con pipetas al día y con antecedentes de vacunación.
Actualmente, los animales permanecen en la vivienda gracias al esfuerzo de dos vecinas que, todos los días, se acercan para alimentarlos, controlar su estado de salud y evitar que sufran daños. Sin embargo, la situación se volvió crítica en las últimas semanas.
En el terreno donde se encuentra la casa, la Municipalidad comenzó a abrir una calle y, durante esos trabajos, se derribó el cerco perimetral. La propiedad quedó sin cierre y los perros se salen a la calle, exponiéndose a ser atropellados o a sufrir agresiones. Según relató Celia, incluso hubo amenazas de envenenarlos, lo que incrementa la urgencia del pedido.
A lo largo de estos días hubo numerosas personas dispuestas a ayudarlos, incluso con ofrecimientos para llevarlos a campos o fincas alejadas. Sin embargo, Celia explicó que esa alternativa no es segura. Los perros siempre vivieron en un entorno urbano dentro de una casa, y no saben desenvolverse en espacios abiertos. En un campo, podrían escaparse, perderse o sufrir accidentes.
Por ese motivo, el pedido es claro: se buscan adopciones responsables, en hogares con patios completamente cerrados, ya sea con paredones, tela olímpica bien colocada o cierres seguros. “Un perro necesita al menos un mes para adaptarse a un nuevo lugar. Si el espacio no está bien cerrado, va a intentar volver a su casa”, explicó Celia.
El objetivo es encontrarles un hogar definitivo, ya sea a los cinco juntos o en donde puedan estar protegidos y acompañados: “No podemos dejarlos en un lugar en donde mañana se pierdan y no los encontremos más porque entonces va a ser en vano todo el sacrificio que estamos haciendo”, señaló. Además del cuidado diario, se juntó dinero y se mantiene un seguimiento constante de su salud.
Celia remarcó que Alberto los quería como a sus hijos y que, con los pocos recursos que tenía, siempre los puso primero. “Ayudenme a encontrarles un hogar”, sostuvo.
La vivienda está ubicada en barrio Parque Norte, en el departamento de Las Heras, Mendoza. Quienes puedan ayudar, adoptar o difundir el caso pueden comunicarse a los teléfonos 263 4780131 y 261 5631343.