Honestidad brutal: ¿crueldad mal disfrazada?

Honestidad brutal: ¿crueldad mal disfrazada?

Bajo el lema de “yo no miento”, la falta de empatía, el cachetazo al ánimo sin ningún aporte ni suma a la otra persona, resulta tan común como devastador para quien se ve sometido a este tipo de personas. En esta nota lo que tenés que saber.

“No te ofendas, sólo soy sincera/o”, argumentan muchos sin empacho con una supuesta “verdad” o “sinceridad” elegida para “ayudar” a la otra persona, que no sólo la aniquila, sino que la convierte muchas veces en el foco de los sincericidios, incluso de las personas más queridas.

Como apunta la psicóloga Noelia Centeno “acá los límites son muy finos, la sinceridad no tiene que ver con decir la verdad. Y además en una supuesta apuesta a la sinceridad, se termina por hacer un sincericidio, terminando por ser crueles con la otra persona. La sinceridad no implica ser ‘agresivos’ con los demás. Los límites son tan finos que el que se equivoca se excusa diciendo ‘pero yo te digo la verdad’ cuando en realidad lo que muestra es falta de empatía y crueldad. La sinceridad en sí misma no es una virtud, tiene que ir acompañada de otras características”

– ¿En qué sentido?

El ser sincero tiene que ver con entender que, si vas a decir una verdad, primero cerciorarte de que la otra persona desee escucharla, luego pensar en ser sincero y empático de lo contrario se termina por herir al otro. Además, se suma el hecho de ser humilde en lo que se va a decir. La sinceridad no es autorreferencial. En general a la sinceridad la usamos para hablar de las cosas de los demás.

– ¿Por qué muchos sostienen que ser sinceros es no mentir, le guste o no al otro?

La sinceridad no tiene que ver con mentir, hay maneras de decir las cosas de forma amable, empática y amorosa, que nada tiene que ver con ser supuestamente “honestos y crueles”.

– ¿Por qué se habla de ser “sinceros” cuando en realidad parece una crítica solapada?

Cuando uno critica, habla más de uno mismo que del otro. Es decir, mi mirada está puesta en mejorar a los demás, pero no en mejorarme. En pos de esa “honestidad”, también te das la licencia para ser agresivo, poco empático, soberbio. La sinceridad en sí misma no sirve.

– ¿Qué implica esto?

Si te voy a decir una verdad que habla de vos, tengo que buscar el momento, ver cómo te cae…La sinceridad a lo bruto, sin empatía, daña a los demás. No hay que asociarla a la verdad que es otra cosa. Acá hablamos de sincericidio…

– ¿Qué sería el sincericidio?

Es lo que no debería decirte y te lo digo. Vale decir, por un impulso y de una forma abrupta, digo algo en mal momento al otro, sin tener en cuenta al otro.

 -Y más allá de lo cultural, ¿existe algún patrón detrás de quienes no tienen filtro?

 Hay personas que pueden tener un fallo en el desarrollo de la capacidad empática, algo que se construye desde la temprana infancia. El sincericida también comete un “acto suicida”, tal como refiere el término sincericidio, al ir diciendo verdades sin empatía. Estas personas van acumulando una serie de resultados negativos en sus relaciones y vínculos, alejando a los demás. Por eso es importante reconocerlo como un problema que debiera tratarse.

 ¿Cuáles son las respuestas o daños psicológicos que puede tener en una persona recibir una “verdad” de manera cruda o cruel?

Puede haber repercusiones importantes en una persona sometida a verdades crueles por parte de otra. La complejidad de estas repercusiones aumenta cuando han sido hechos reiterativos en el tiempo. Por ejemplo, hay familias en las que decir verdades sin consideración de la forma se constituye como un valor. Muchas veces esto puede llegar a dinámicas de maltrato que merman la autoestima, provocando serias complicaciones en el desarrollo emocional de esa persona.

 ¿Dónde está el límite entre la honestidad, ir con la verdad por la vida, y ser desubicado o cruel con el otro?

No hay un límite universal, se trata más bien de desarrollar una capacidad empática que permita ajustar y regular lo que uno dice. Si se es capaz de leer al otro en la interacción y de actuar con responsabilidad afectiva, se van a respetar los límites de la honestidad. Tenemos que preocuparnos de nuestras necesidades de expresión, pero debemos incluir en esa ecuación las necesidades del otro para obtener un buen resultado. Lo que falta es aprender a conversar, a generar diálogos que no solo sean un descargo emocional lleno de verdades, sino que una oportunidad para aprender del otro y aprender de uno mismo en el intercambio sincero.

Cuando tenemos la necesidad de ser sinceros es importante hacer un proceso reflexivo previo que nos ayude a proporcionar el impacto que nuestras palabras pueden tener. ¿Hay un fin constructivo en lo que voy a sincerar? ¿Estoy buscando ayudar al otro con mis palabras?

La profesional estuvo con el equipo de Cada Día, mirá la nota

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