El psicólogo, conferencista y escritor Bernardo Stamateas estuvo en Mendoza presentando su libro, que lanza desde el título un anclaje emocional para los momentos complejos de la vida. ¿Cómo reconocer y atraer a la gente nutritiva a nuestra vida? El profesional lo responde en esta nota.
“Querer agradar a todos es una condena emocional”, parafrasea durante la entrevista Bernardo Stamateas. Y esa frase matadora y tan cierta forma parte de lo que dirá respecto a la “Gente nutritiva”, que no sólo le da título al libro que vino a promocionar, sino que además nos deja pensando en todas sus aristas.
¿Qué sería la “gente nutritiva”?
Las emociones nutritivas es una fortaleza y una farmacia gratuita que tenemos dentro nuestro. Las personas nutritivas se sienten en el cuerpo, es estar con personas determinadas que nos hacen sentir que nos dieron ‘carga0, fuerzas para seguir con lo que compartimos. Son personas diferentes que nos regalaron quizá la presencia, la escucha, un acto de servicio, algo pequeño que para vos fue importante, es decir no sos chiquito ni invisible sino importante. La gente nutritiva nos motiva, nos alienta, nos ayuda a ser mejores porque despliega actitudes que nos hacen bien. Tienen empatía y capacidad de acompañarnos. Son pequeñas acciones que generan emociones nutritivas. Hoy sabemos que las emociones positivas aumentan la vida entre ocho y diez años.
-¿Todos tenemos algo tóxico?
Seguro: una cosa son los rasgos tóxicos que todos tenemos, y otra muy diferente las personas que necesita ver mal al otro para sentirse bien. Con esa gente hay que saber poner límites o hacer contacto cero.
-¿Qué pasa con las personas queridas que terminan por pelearse por pensar diferente en política o temas de la vida?
Allí nunca hubo un vínculo sólido, podés pensar “a” o “b”, pero si la relación es real no te peleas, sino que son personas nutritivas en lo importante, la una hacia la otra y viceversa.
-¿Cómo hacer para que no nos haga mal lo que las personas “no nutritivas” nos digan?
Uno no tiene que sobredimensionar el discurso del otro, sino escucharlo y minimizar su impacto. Hay personas muy sensibles a las palabras de los demás. Por ello hay que entender que hay dos voces: la interna y la externa. Si la externa te dice “vos sos un tonto”, y coincide con la voz interna tuya, te va a doler, si es lo contrario no te va a afectar. No hay que cambiar la voz de afuera, el ruido siempre va a existir, lo importante es lo que nos decimos a nosotros mismos. La ley de los tres tercios estipula que hay un tercio que nos quiere, otro tercio que nos odia, y un tercio que no nos conoce, pero igual habla de nosotros. Lo importante es lo que nos decimos a nosotros mismos.