Duelo migratorio: “Volar del nido”

Duelo migratorio: “Volar del nido”

Mucho más allá de lo que suela pensarse, partir del lugar de origen en busca de un mejor destino económico o sociocultural para vivir, no siempre tiene que ver con “la panacea”. Conocé los pro y contra de este cambio de vida.

El dato duro lanza una realidad ineludible:  muchos jóvenes (sobre todo) deciden irse a vivir fuera del país, o probar suerte en otros lares. ¿Las causas? Variopintas: una inflación creciente, falta de seguridad, o simplemente ganas de conocer y experimentar nuevas vivencias. Sin embargo, no todo es color de rosa y aunque el relato se endulcore, llegar a un destino lejos de casa, es muy diferente a irse de vacaciones por unos días.

Así lo comparte la Licenciada en psicología Noelia Centeno quien contó “en la actualidad la realidad marca que se están yendo muchos jóvenes del país. En este sentido el duelo migratorio no deja de ser un proceso en el que la persona se va con una expectativa X, pero sufre igual del denominado ‘duelo migratorio’ ya que no deja de ser una pérdida que tiene etapas, cuando la persona en cuestión se va”.

– ¿Hay etapas?

Sí hay tres etapas que son básicas: La primera es la de la luna de miel, vale decir, la idealización. La persona conoce las bellezas del lugar, las fotos, los entornos etc. Además, si agregamos a esto que hay gente que se va muy mal, el duelo en este caso puede tornarse más complejo.

La segunda etapa se vincula con el choque cultural, en donde la persona se pone más nostálgica, se pone a recordar costumbres, hábitos y rituales de su lugar de origen, en donde ya lo que lo enamoró de lo nuevo, se va esfumando para dar paso a esta etapa.

La tercera etapa tiene que ver con la aceptación en donde se trata de compensar al entender que si bien no todo lo que se está transitando puede ser maravilloso, se está en ese lugar porque se eligió, y ver el vaso medio lleno de observar los aspectos positivos de esa decisión.

Sin embargo, hay una cuarta etapa que se da en muchas personas en la cual luego de haber transitado la aceptación, se comienza con un rechazo a la cultura por diversas situaciones: la etapa adolescente en los hijos en donde extrañan a su amigos y costumbres, los afectos, necesidad de vivir el tiempo en el sitio que se ama…

– ¿Significa que no se logró el duelo?

Para poder hacerlo debe haber una pérdida total, es decir la muerte simbólica de algo y su finitud. Sin embargo, el que se va, entiende que el país y todo lo que hay en él, sigue “vivo”, “sigue estando”. No se puede evitar hacer un duelo cuando hay una pérdida, pero uno puede tener una preparación de al menos saber de cómo me voy a sentir luego de la etapa de luna de miel.

– ¿Qué le dirías a quien se está por ir a modo de “consejo” para no caer en depresión o una angustia extrema si no logra adaptarse?

Antes que nada, dale tiempo al proceso, entender que va a pasar por un montón de emociones: de estar encantado con vivir una nueva experiencia hasta sentirse abrumado por lo que dejó. Pero ante esto que nunca deje de ver que eso se eligió, que el país no desaparece, y que puede volver cuando quiera y volver a empezar. Hay que saber de antemano que no es lo mismo irse a vivir a un lugar que haberlo conocido de vacaciones. Si uno maneja al menos esta información básica tiene la posibilidad de que los días difíciles lo sean un poco menos al haberse “preparado”. Y sobre todo entender que volver no es fracasar.

 

La profesional estuvo con el equipo de Cada Día, mirá la nota.

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