Acciones exageradas en pos de dar todo en la relación, y vivir “por” y “para” la necesidad de la pareja olvidando lo que se desea profundamente, forman parte de un trastorno que reclama la mirada sobre las necesidades y deseos propios. Un desafío para repensarse.
La metáfora exacta para poder hablar de dependencia emocional es cuando aludimos a la imagen de “la media naranja”. Esa mirada acerca de que somos seres incompletos y que la persona que llega a nuestras vidas es la que, supuestamente, vendría a completarnos.
Afortunadamente no es así. Y si bien puede suceder de caer en esa peligrosa espiral de dependencia afectiva o sentimental (que deriva en una serie de comportamientos adictivos que se dan en una relación interpersonal), lo importante es entender que la completitud tiene que centrarse siempre en nosotros mismos: no de una relación, un familiar, amigo, trabajo o circunstancia externa. En este tipo de relaciones, cada persona asume un rol concreto. Una dependencia que deriva de esa necesidad de afecto básica que todo ser humano necesita, pero que, en este caso, implica además conductas patológicas y desproporcionadas, nada sanas ni beneficiosas para la relación.
Como bien explica la psicóloga Noelia Centeno (columnista de Primeros auxilios emocionales) “uno de los síntomas que puede darse en la pareja y que causa dolor es la dependencia emocional. Una pareja es un vínculo que une a dos personas que se eligen para compartir determinado tiempo de su vida. Hay un co-dependiente y alguien de quien dependemos. Entonces te empezás a volver invisible para el otro: para complacerlo, por tener terror a ser dejado, miedo a que se enoje, o necesitar saber siempre adonde está”.
– ¿Es como estar al ritmo de la necesidad del otro?
Tal cual, ya que el vínculo de la dependencia emocional es exagerado en la necesidad del otro. Pensamos que supuestamente es “más amor” pero en realidad es “más necesidad”.
– ¿Qué esconde este tipo de acción?
Una baja autoestima, una dificultad de registro personal y el no saber qué se quiere. Por ello da tanto pánico que se termine ya que si esa relación concluye aparece la sensación de vacío. Es como vivir en una constante ansiedad o amenaza respecto al otro, cómo actúa o lo que nos dice, con la enorme responsabilidad que a su vez se le da a esa persona.
– ¿En qué sentido?
De que terminamos por hacerla cargo a la otra persona de nuestro “bienestar” y eso es tremendo como carga. Eso es la co dependencia. La otra persona por ejemplo sale con sus amigas, pero sabe, que el dependiente se queda en su casa angustiado y mal.
No se trata de buenas o malas personas se trata de darse cuenta tanto de esto, de un lado como del otro, para poder centrarse en resolver cada quien lo que le corresponde.
– ¿Cómo empezar a cambiar este problema?
Cuando la persona viene a consulta trabajamos en la reconstrucción de la autoestima. Es fundamental. Esto implica reencontrarse con uno mismo. ¿Quiénes éramos antes de ese vínculo? ¿qué te gustaba o deseabas para vos? Hacernos preguntas y profundizar en nosotros mismos implica desapegarnos a relaciones, trabajos, situaciones que no nos definen. Quiénes éramos antes de esta obsesión. Vale la pena porque se obtienen resultados increíbles cuando nos reencontramos con nosotros mismos.
La profesional estuvo en Cada Día, mirá la nota.