Si has notado que desde que el otoño comenzó, tu vitalidad y ánimo van en picada, no dejes de leer esta nota. Podés tener esta afección y no saberlo.
Desgano, nostalgia, tristeza y con un estado de somnolencia latente…la preocupación no se deja esperar y terminás por preguntarte si estás “incubando algo”, o tenés que empezar a preocuparte por algo más serio. Y acá la vieja frase vincular de “no sos vos, soy yo”, viene a cuento porque la analogía aparece, pero de la mano del otoño. ¿Puede acaso un cambio de estación (que incluye incluso la esperada primavera) modificarnos física y emocionalmente? La respuesta es “sí”, ya que según explica la neuropsicóloga Cecilia Ortiz “se trata de la denominada ‘astenia otoñal’”.
La misma se produce ante modificaciones horarias y los consiguientes cambios en la rutina cotidiana con síntomas diversos y molestos que si bien no son graves, pueden afectar la calidad de vida: “La baja en el rendimiento académico, escolar y laboral, consecuencia de alteraciones cognitivas; disminución de la energía y la motivación; alteraciones en el estado de ánimo: cansancio, tristeza, apatía, falta de interés, irritabilidad; falta o exceso de apetito, disminución de la libido, o dificultad para conciliar el sueño”, enumera la profesional.
“Se trata de una sintomatología transitoria, que va desapareciendo de a poco con la adaptación; no es grave, pero podemos sentirnos débiles y hasta incluso raros. Muchas veces se deben tomar medidas tanto para prevenir como para transitar y superar rápidamente los síntomas. Esta sensación que muchas personas sienten no es algo caprichoso tiene una fundamentación biológica”, argumenta Ortiz.
– ¿En qué sentido?
El ritmo de nuestro cuerpo se rige por la luz y la oscuridad, cuando es de día se activa la secreción de ciertas sustancias y neurotransmisores, y cuando comienza a oscurecer la de otros. Eso determina varios aspectos que hacen que al cambiar la mayor cantidad de luz (salimos hacia al trabajo y aún está oscuro en otoño e invierno, y a su vez, anochece más temprano) tenemos que adaptarnos orgánicamente con todo lo que esto implica. Se genera como una desorientación, al haber menos horas de luz, y cambia la secreción de la melatonina, encargada nada y nada menos que del sueño. También disminuyen las secreciones de otros neurotransmisores como la serotonina y la dopamina que se vinculan con el bienestar y las ganas de “hacer cosas” . Además, el otoño desde la mirada y biología de nuestros ancestros es una invitación a hibernar.
– ¿Cómo hacer para que estos síntomas que aparecen no se confundan con otras afecciones o enfermedades?
Este tipo de sintomatología es normal cuando hablamos de dos o tres semanas de permanencia desde el cambio de estación. Si el desgano, decaimiento, falta de ganas y cierta tristeza continúan, hay que pensar en consultar.
– ¿Qué prácticas pueden ayudarme a mejorar esta transición?
Hay varios consejos útiles ante la presencia de los síntomas de “astenia otoñal”, algunos de ellos pueden ser practicar ejercicio (ya que, con el cambio de presión atmosférica, nuestras articulaciones se pueden ver resentidas), evitar escenarios de estrés, descansar y reajustar tu ‘reloj interno’ referido al sueño y el uso de pantallas, mantener una alimentación equilibrada, y hasta ayudarse con complementos alimenticios.
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