Angustia, estrés, depresión, vacío…Estas y otras tantas razones hacen que nuestra relación con la comida, en lugar de ser un placer, más allá de un sustento físico, se transforme en una manera de “exorcizar” lo que no podemos manejar. ¿Y vos, qué acallás con la comida?
Como un espejo en el que cuesta mirarnos, el hambre emocional, es decir comer para sentirnos mejor, intentando apagar dolores, broncas, depresiones o tristezas, que nada tiene que ver con una necesidad física real, se transforma mucha veces en un verdadero placebo que inunda de comida y atracones, el vacío que el “cuerpo emocional” grita, pero no sabe cómo acallar. Se trata de “saciar” de alguna manera eso que internamente no podemos resolver.
Como explica la psicóloga Noelia Centeno “esto parte de la relación que tenemos con la comida y nuestras emociones. Si nos retrotraemmos a cuando somos niños, la relación suele ser de premio con la comida. Así la mamá le dice a su hijo por ejemplo “si te portás bien, te compro el postre que tanto te gusta”, “si no hacés la tarea, no hay postre”, y así los ejemplos son muchos. Tenemos mucha inconciencia de que en realidad lo que solemos hacer es educar a través de la comida, y eso de partida no debería ser así”.
-¿Esto tiene que ver con la imagen corporal?
No, para nada. En realidad con lo que nos pasa internamente y no nos hacemos cargo: comemos mal, picoteamos, comemos rápido y de manera ansiosos, sin saber siquiera qué estamos comiendo. Incluso hasta se nos cierra el estómago. Si uno se pone en observador de todo esto, de nuestra relación con la comida, vamos a ver mucho de nosotros a la hora de entender que algo pasa emocionalmente en nuestras vidas. Habla mucho de nuestro estado interno.
-¿Por qué algo placentero como es comer, se ha transformado en un reflejo de nuestro mundo emocional?
Primero que nada hay que cambiar ese tipo de relación que tenemos, entendiendo que comer debe ser algo placentero cuando el hambre fisiológico aparece. Acá el hambre emocional no tiene que ver con la autoimagen, o ser más o menos delgado, o con una oda a la vida sana…es mucho más profundo el tema. Tiene que ver con algo que nos pasa en nuestro interior.
-¿En qué sentido? ¿A qué tenemos que prestar atención?
Hay que dilucidar cómo emocionalmente nos comunicamos con la comida, ya que no debería ser un problema, sino verla como algo que nos da placer y nos alimenta. Nada más y nada menos… Hay que observarnos a ver qué hacemos cuando estamos enojados, tristes, depresivos, con ira…etc. No pensemos en términos de peso, sino de ver qué nos está pasando. En este sentido la autobservación es la clave para poder leernos. La comida es una gran maestra para hablar de cómo está nuestro interior. La profesional estuvo en Cada Día. Mirá la nota