Comienza la jornada diaria, y sentís a tu cuerpo igual o más agotado de cuando te acostaste. Un círculo nada virtuoso que se repite y replica en muchas personas. Conocé el origen psicológico de esta problemática y cómo identificarla.
El despertador te deja fuera de carrera apenas te avisa que el día comienza, una alarma que enciende un desgano, agotamiento y sopor difícil de superar durante toda la jornada. ¿Qué sucede en el fondo de este comportamiento antinatural que vive nuestro cuerpo? ¿Cómo incide lo emocional en el cuerpo?
Como aporta la Licenciada en Psicología Noelia Centeno “lo importante es distinguir entre cansancio físico del emocional. La parte física implica a un médico clínico, pero desde la psicología lo emotivo no es menor. Lo físico es cuando le exigimos mucho más al cuerpo de lo que puede. Pero lo emocional es fundamental a la hora de hacer un trabajo integralmente y buscar la génesis de cómo nos paramos ante lo que nos pasa.
– ¿En qué sentido?
Pensemos a lo emocional como otro cuerpo, un cuerpo que está soportando embates y obstáculos que lo dejan fuera de lucha ya que la persona se siente totalmente invalidada para poder dar respuesta. No es depresión ni no tener ganas “de”, es agotamiento mental en la que parece no tener fin lo que tenemos que resolver…
– ¿Qué aspectos inciden para sentirnos así?
Son dos: la forma en que interpretamos cada obstáculo, pero también la expectativa de creer que si se supera “ese problema” ya está… Y la vida no funciona así. El cansancio también va de la mano con la pérdida de motivación. Si bien se hace lo que se tiene que hacer, la persona no lo disfruta.
– ¿Qué hacer con el agobio que se siente por muchos problemas de la realidad social?
Hay que entender que nos angustiemos, o no, lo que tenga que pasar sucederá. No depende de nuestra preocupación diaria.
Las experiencias y percepciones personales, así como por el contexto social, económico, social y legislativo, están produciendo una sensación de agotamiento que muchos expertos definen como “fatiga pandémica”. Esta sobrecarga de las emociones suele producirse cuando hay cambios vitales importantes, problemas sin resolver o situaciones en las que nos vemos abrumados. La situación actual, en la que es difícil ver metas y finales, es un caldo de cultivo para un bajo estado de ánimo continuado.
Si el interior se enferma, y no nos cuidamos el dolor físico, nos enfermamos, porque hay que alimentar pensamientos que nos sumen, porque sin nos contamos la peor de las historias o panoramas esto alimenta un agotamiento que nos derrumba. Si pienso que no voy a lograrlo es lo que finalmente ocurrirá. Si te quedás anclado en eso, es la puerta de entrada a posibles depresiones. De allí el cómo nos paremos frente a las cosas y lo que hagamos con nuestros pensamientos, son los verdaderos agentes de cambio.