Cada vez más personas modifican su alimentación para mejorar su salud, controlar el peso o ganar energía. En ese camino, dieta cetogénica se volvió tendencia por su promesa de resultados rápidos. Pero detrás de su popularidad, hay aspectos nutricionales, médicos y sociales que conviene revisar antes de adoptarlo.
En los últimos años, la dieta keto se convirtió en una de las tendencias más populares entre quienes buscan perder peso de forma rápida y mejorar su energía diaria. Su nombre proviene del término “cetogénica”, y se basa en un principio metabólico: reducir al mínimo el consumo de carbohidratos para que el cuerpo utilice las grasas como fuente principal de energía. Aunque sus resultados pueden ser notorios en poco tiempo, especialistas advierten que no es un plan alimentario apto para todos ni recomendable a largo plazo.
La clave de esta dieta está en inducir un estado llamado cetosis, en el que el organismo, ante la escasez de carbohidratos, comienza a descomponer las grasas para obtener energía. Según la nutricionista María Eugenia Díaz, “la cetosis puede lograrse con menos de 50 gramos de carbohidratos diarios, lo que implica eliminar alimentos como pan, pastas, legumbres y frutas dulces”. En su lugar, se priorizan productos como huevos, carnes, quesos, semillas y verduras bajas en almidón.
Entre los beneficios de la dieta keto, se destacan la pérdida de peso acelerada, la reducción del apetito y una mayor sensación de saciedad. También se ha estudiado su impacto positivo en personas con resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 o epilepsia. “En ciertos contextos clínicos, la dieta cetogénica puede ser útil, pero siempre bajo supervisión médica”, señala el doctor Sebastián Ríos, especialista en medicina metabólica.
Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. La restricción drástica de carbohidratos puede generar efectos adversos como fatiga, estreñimiento, irritabilidad y déficit de micronutrientes. Además, al eliminar grupos enteros de alimentos, se corre el riesgo de desequilibrios nutricionales. “No es una dieta sostenible en el tiempo ni adecuada para personas con enfermedades renales, hepáticas o cardiovasculares”, advierte Díaz.
Existen distintas variantes de la dieta keto, como la estándar, la alta en proteínas o la cíclica, que permite incorporar carbohidratos algunos días. Esta última suele ser elegida por deportistas o personas que buscan mantener cierta flexibilidad. En todos los casos, es fundamental adaptar el plan a las necesidades individuales y evitar seguirlo por cuenta propia.
Para quienes buscan alternativas más accesibles y menos restrictivas, se recomienda explorar opciones como la dieta baja en carbohidratos o el enfoque “low carb”, que permite una mayor variedad de alimentos sin llegar a la cetosis. También es posible incorporar recetas keto con base vegetal, como pizzas con masa de brócoli o tostados sin harina, que combinan practicidad y sabor sin comprometer la salud.