Algunas bebidas habituales contienen estimulantes que activan el sistema nervioso y pueden intensificar la ansiedad, el insomnio o la irritabilidad. En contextos de estrés, reducir su consumo u optar por infusiones relajantes puede ser clave para recuperar el equilibrio emocional y favorecer un descanso reparador.
En la cultura argentina, el café, el té negro y el mate fuerte ocupan un lugar central en las rutinas diarias. Son sinónimo de energía, productividad y encuentros sociales. Sin embargo, cada vez más especialistas advierten que su consumo excesivo puede alterar el sistema nervioso y dificultar la regulación emocional. En contextos de estrés, ansiedad o hiperactividad, reducir estos estimulantes puede ser clave para recuperar el equilibrio.
La cafeína, presente en estas tres infusiones, actúa como un estimulante del sistema nervioso central. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el consumo diario recomendado no debería superar los 400 mg en adultos, lo que equivale a unas tres tazas de café. Sin embargo, en Argentina, el promedio supera las cinco tazas entre café y mate, según un relevamiento de la Universidad Nacional de Córdoba. “La sobreestimulación puede generar insomnio, irritabilidad y dificultad para concentrarse”, explica la médica clínica Carolina Vázquez, especialista en salud integrativa.
El mate, aunque culturalmente asociado al descanso y la charla, contiene entre 70 y 90 mg de cafeína por porción, dependiendo de la intensidad. En personas sensibles, puede provocar taquicardia, sudoración y sensación de agitación. “No es lo mismo tomar mate suave en compañía que cebarse uno tras otro durante horas de trabajo. El cuerpo lo siente”, advierte la nutricionista María Belén Ríos, quien trabaja con pacientes que buscan mejorar su bienestar emocional a través de la alimentación.
El té negro, por su parte, contiene teína, un compuesto similar a la cafeína. Aunque se lo percibe como más liviano, puede tener efectos similares si se consume en exceso. En contextos de ansiedad o hiperactividad, se recomienda optar por infusiones sin estimulantes como la manzanilla o el tilo. Estas alternativas ayudan a regular el sistema nervioso sin generar dependencia ni sobreexcitación.
En personas que atraviesan momentos de sobrecarga emocional, como crisis de la mediana edad, jornadas laborales intensas o procesos de crianza exigentes, reducir el consumo de estas bebidas puede marcar una diferencia. “Muchos pacientes notan que al dejar el café por unos días, duermen mejor, se sienten menos irritables y logran mayor claridad mental”, señala la psicóloga Laura Santini, especializada en salud mental y hábitos cotidianos.
Además del impacto emocional, hay una dimensión física que no debe subestimarse. El exceso de cafeína puede alterar el ritmo cardíaco, generar molestias digestivas y afectar la absorción de nutrientes como el hierro y el calcio. En niños y adolescentes, el consumo de bebidas con cafeína está desaconsejado por la Sociedad Argentina de Pediatría, especialmente en contextos escolares o de alta demanda cognitiva.
Para quienes buscan un día más tranquilo, la recomendación es clara: moderar el consumo de café, té negro y mate fuerte, especialmente en las primeras horas del día. Incorporar infusiones relajantes, agua con limón o jugos naturales puede ser una forma de acompañar el cuerpo en su ritmo más sereno.