El matrimonio y sus colaboradores, mantienen en pie un negocio que se fue transformando. El vínculo con sus clientes, adaptarse a la era tecnológica y su historia de vida.
Por: Marina Correa
“Papá, mamá, internet se va a comer todo el papel, vendan el negocio”, ese fue hace 20 años atrás, el consejo que muy seriamente les dio uno de los hijos de Mónica y Juan José Marí, mientras el joven estudiaba su carrera universitaria. La recomendación del hijo llegó en un muy buen momento de la venta de diarios y revistas, el rubro al que han estado dedicados durante 33 años, en su icónico puesto en el Hospital Central de Mendoza. “En aquel momento mi esposo lo miró primero con cara de pocos amigos (se ríe en el relato) y después con incredulidad pensando que había enloquecido, cómo íbamos a vender el puesto cuando era una de las principales fuentes de ingreso familiar. Pero no pasaron muchos años y la profecía de mi hijo se cumplió, el papel fue desapareciendo, los diarios se empezaron a leer por internet y somos parte de una red de puestos sobrevivientes”, le dice a Mónica a ElNueve.com, mientras comienza a relatar una gran historia de vida.

Casi 34 años atrás, el matrimonio tuvo una atractiva oportunidad laboral. “El antiguo titular del puesto de diarios, le ofreció la cesión de derechos a mi marido, la verdad nuestro vínculo con los diarios o las revistas la habíamos tenido desde jovencitos. En mi casa había muchas revistas de costuras porque mamá era modista, y yo en particular leía distintas novelas románticas y literarias. Siempre he amado la lectura. Mi esposo también, siempre leyó diarios y revistas deportivas. Teníamos un poco más de 30 años cada uno y ese negocio nos parecía algo hermoso para apostar como emprendimiento familiar y nos metimos con todo luego de los permisos públicos. Al principio estábamos en el interior del hospital, ahí empezamos con un gran mostrador de madera, le tomamos tanto cariño, pasión, y compromiso laboral, siempre hemos tenido una cultura del trabajo grande. El puesto ha sido muy importante para la economía de nuestro hogar y hemos criado 3 hijos (2 varones y 1 mujer), y todos de ellos han podido estudiar. Estos más de 33 años los transitamos como un desafío hermoso y aunque ya pintamos canas, no vamos a bajar los brazos, llegamos a vender más de 200 diarios por día, hoy los diarios se leen por el teléfono, pero nos estamos reconvirtiendo todo el tiempo, estamos dando batalla”, relata Mónica mientras atiende el puesto.

“La mayoría de los clientes que tuvimos al inicio del negocio, eran exclusivamente pacientes y personal del hospital, incluso en algún momento mi marido ha visitado los distintos pisos ofreciendo diarios. Hemos visto y escuchado tristezas y felicidades, pero siempre nuestro lema fue desde el inicio no llevarnos el dolor a casa. Porque no hubiéramos resistido este tiempo, vimos madres llorar por sus hijitos muy jóvenes fallecidos, los momentos del dolor de la partida son tremendos. Hemos charlado con personal hospitalario, hemos actuado de psicólogos de personas que se ponían a charlar, como un descargo de sus pesares, sí hemos visto muchas injusticias también” relata Mónica. En el caso de Juan José, durante años tuvo la rutina de levantarse a las 4 de la mañana y salir a buscar los diarios y revistas, luego a las 6am el negocio ya estaba abierto e incluso había fila de clientes esperando por su diario. Toda la familia colaboró en el negocio familiar, los hijos a medida que crecieron empezaron a participar, también lo hicieron mientras eran estudiantes universitarios. “Fue una forma de mostrarles que muchas de las cosas que había en casa, eran gracias al esfuerzo que poníamos en nuestro trabajo, hoy mirá lo que son las vueltas de la vida, mi yerno Luciano es quien hoy nos acompaña en el puesto. Esta lleno de juventud y conocimiento de aquella tecnología que anticipó mi hijo, él nos ayuda con todo porque parte de la reconversión es adaptarse al cambio y lo queremos muchísimo. Él es una enorme ayuda y sostén hoy en el puesto. Creo han faltado políticas gubernamentales que nos asesoraran, si recorrés el centro de Mendoza o los departamentos, somos pocos los puestos que quedamos de pie. Hemos ampliado rubros, porque sino desaparecíamos” decía Mónica.
Cambios

Del interior del hospital, el puesto de diarios y revistas de Mónica y Juan José pasó a los jardines del nosocomio y de allí a la vereda. Los cambios han sido una constante y a lo largo de más de 33 años se han armado de coraje e ingenio. “Cuando empezó la remodelación del hospital, se trasladaron los consultorios externos a la terminal, esta situación duró cerca de 10 años aproximadamente. Ahí tuvimos una enorme caída en las ventas, estábamos mal mal, entonces conseguimos el permiso para salir a la vereda, el trámite costó muchísimo, pasamos por momentos de enorme angustia. Pero debo decir, que siempre hemos tenido pilares emocionales y pilares laborales para salir adelante, uno de ellos (Félix) estuvo 27 años trabajando a nuestro lado. Hoy se dedica a la venta de café en la puerta del hospital y la otra persona (Hugo) fue un amigo de uno de mis hijos, que trabajó casi 10 años en el puesto. Con ambos tenemos una preciosa relación, siempre mi esposo dice que los negocios que salen adelante, son porque se hace el trabajo en equipo”.
“Lo que uno quiere y necesita, como cualquier trabajador, son ingresos razonables para poder vivir con dignidad. Nosotros no necesitamos ayudas, no necesitamos planes, no necesitamos regalos, necesitamos trabajo y el trabajo lo podemos generar en la medida en que nos den las posibilidades de hacerlo. Cada uno de los puestos de diarios, se ha visto en la necesidad de abrir otros rubros sin perjudicar, tratando de no saltar normas, leyes, de no contravenir reglamentaciones. Hoy es reconvertirnos o cerrar las puertas del negocio, afectivamente el puesto ha sido como un hijo más, lo ayudamos a nacer, lo vimos crecer, lo hemos visto madurar y no queremos ni podemos resignarnos a verlo sucumbir” destacaba Mónica.
Presente

En la actualidad, el puesto de Juan y Mónica, es uno de los íconos de la ciudad de Mendoza, por su larga trayectoria. “Hoy apostamos mucho a la venta de las distintas colecciones que traen las revistas. Tenemos por suerte muchos clientes fieles, que saben que en el puesto tenemos todo lo que sale e incluso si le quedó inconclusa alguna colección, puede que la hayamos guardado y la consiga. Autitos de colección, muñecos de Marvel, artículos de cocina, cubiertos, adornan el puesto que se sostiene como un símbolo, que incluso turistas elogian.
“El puesto es parte de nuestro hogar, de nuestra familia, no podemos creer que hayan pasado tantos años. Miramos hacia el hospital y pensamos que también hemos formado parte de la historia del principal nosocomio de la provincia. Hemos visto pasar miles de personas afligidas, ilusionadas, esperanzadas, aguerridas y creemos que seguir allí es un símbolo que va mucho más allá de la industria del papel. Estar allí es un símbolo del trabajo, de la familia, de la perseverancia, de la cultura del trabajo”, cierran Mónica y Juan, los dueños del puesto que sobrevivió al paso del tiempo.