La sostenibilidad en la región crea valles cordilleranos

La sostenibilidad en la región crea valles cordilleranos

La región CREA Valles Cordilleranos, se caracteriza por su gran riqueza natural, diversidad biológica y un ecosistema frágil que requiere de estrategias claras para asegurar su preservación en el tiempo

La región CREA Valles Cordilleranos, se caracteriza por su gran riqueza natural, diversidad biológica y un ecosistema frágil que requiere de estrategias claras para asegurar su preservación en el tiempo. Frente al avance del cambio climático, la presión sobre los recursos hídricos y el crecimiento de las actividades agrícolas y turísticas, la sostenibilidad ambiental se ha convertido en un eje clave para el desarrollo de la región.

En este contexto, el pasado jueves 15 de mayo, se desarrolló una valiosa experiencia en el Taller “Herramientas para gestionar la sostenibilidad ambiental en la Región Valles Cordilleranos”, en la que Simbios acompaño junto a los grupos CREA, actores como INTA, CONICET, estudiantes avanzados de la carrera de agronomía y profesores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO, que permitió no solo intercambiar conocimientos, sino también evaluar la sostenibilidad ambiental desde  distintos niveles de análisis: empresa, grupo y región.

 

¿Qué se habló? Una mirada multinivel

Durante las actividades desarrolladas, se trabajó en torno a diagnósticos participativos y evaluaciones integrales, abordando la sostenibilidad desde tres escalas:

  • A nivel empresa: se analizaron prácticas productivas, eficiencia en el uso de recursos y aplicación de buenas prácticas agrícolas.
  • A nivel grupo (CREA, INTA, técnicos, estudiantes de agronomía): se compartieron experiencias, saberes locales y estrategias comunes para abordar problemáticas ambientales.
  • A nivel regional: surgió como el nivel más débil, donde aún falta construir una visión compartida y herramientas concretas para gestionar el territorio como un todo. Esto visibiliza la necesidad de políticas y articulaciones que superen la escala individual.

La sostenibilidad en los valles cordilleranos de Mendoza implica lograr un equilibrio entre el desarrollo económico, el cuidado del ambiente y el bienestar social, asegurando que los recursos naturales puedan mantenerse en el tiempo. En esta región andina, donde el clima es seco y la disponibilidad de agua depende casi exclusivamente del deshielo, ser sostenibles significa utilizar de forma responsable ese recurso vital, proteger los ecosistemas de montaña y fomentar prácticas productivas que no agoten ni contaminen el entorno. Aplicar el concepto de sostenibilidad aquí


implica también pensar en las generaciones futuras: que puedan seguir viviendo, produciendo y disfrutando de estos valles sin heredar problemas ambientales irreversibles. La sostenibilidad no es solo una meta ambiental, sino una forma de pensar y actuar que conecta lo ecológico, lo social y lo económico de manera armónica.

Herramientas claves para avanzar

A partir de esta experiencia, se identificaron varias herramientas y enfoques esenciales para una gestión ambiental efectiva:

  • Ordenamiento Territorial Ambiental: para definir usos del suelo que respeten la capacidad del ecosistema y prevengan impactos negativos.
  • Sistemas de Información Geográfica (SIG): como apoyo técnico para monitorear el territorio y tomar decisiones informadas.
  • Buenas Prácticas Agrícolas (BPA): que promueven la conservación del suelo, el uso racional del agua y la disminución de agroquímicos.
  • Gestión Integrada del Agua: priorizando la eficiencia y la protección de cuencas en un contexto de escasez hídrica.
  • Educación Ambiental y Participación Comunitaria: para construir una cultura del cuidado y una ciudadanía activa.
  • Políticas Públicas y Alianzas Multisectoriales: La articulación entre gobiernos locales, instituciones científicas, ONGs, empresas y comunidades es indispensable. Las políticas públicas deben fomentar incentivos para prácticas sostenibles, apoyar la investigación y crear marcos normativos claros que protejan el patrimonio natural.

Revalorizar lo “invisible”: un cambio de mirada

Una de las reflexiones más relevantes que surgieron fue la necesidad de dar valor a aquellos espacios del paisaje que, a primera vista, parecen no tener una “función productiva”, como zanjas, bordes de fincas, espacios sin cultivo o áreas marginales.

Lejos de ser lugares improductivos, muchos de estos sitios albergan biodiversidad clave, funcionando como refugios para fauna nativa, corredores biológicos o reservorios de flora autóctona. Aprender a mirar con otros ojos y reconocer su valor ecológico es parte fundamental de una nueva ética del territorio.

La experiencia compartida mostró que la sostenibilidad no se logra solo desde la parcela o la empresa, sino que exige pensar en red, articular saberes, y construir herramientas comunes.

Fortalecer la escala regional, con acuerdos territoriales, datos compartidos, y una visión a largo plazo, será el próximo gran paso para que los Valles Cordilleranos puedan desarrollarse sin poner en riesgo el equilibrio ambiental que los sustenta.

Adoptar prácticas agrícolas responsables, proteger los ecosistemas y promover el desarrollo sustentable son pasos esenciales para lograr un equilibrio entre lo ambiental, lo social y lo económico.

Simbios, empresa pionera en el cuidado del suelo en la región, ofrece al mercado bioinsumos innovadores diseñados para la recuperación y conservación del suelo. Sus productos aportan materia orgánica, microorganismos benéficos y polifenoles, garantizando un equilibrio óptimo entre eficiencia, rentabilidad, productividad y sostenibilidad. Además, su línea de productos cumple con altos estándares de calidad y cuenta con certificaciones que respaldan su compromiso con el medio ambiente.

En este camino hacia un futuro más sostenible, Simbios brilla con luz propia. Una empresa con propósito, que apuesta por una agricultura más consciente a través de bioinsumos que regeneran y revitalizan los suelos. Cada producto de Simbios es una invitación a producir en armonía con la naturaleza, a cultivar sin dañar, y a dejar una huella positiva en el corazón de los Andes. Porque cuando el suelo vive, todo florece.

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