Consejos prácticos para entrenar al aire libre cuidando tu piel del sol, incluso en días nublados o durante actividades prolongadas.
Salir a correr, hacer una rutina en una plaza, pedalear varios kilómetros o jugar un partido afuera tiene un atractivo difícil de reproducir puertas adentro. Cambia el paisaje, corre aire y el entrenamiento suele sentirse menos encerrado. El problema aparece cuando el entusiasmo hace olvidar algo que no siempre se percibe de inmediato. Mientras el cuerpo se mueve, la piel permanece expuesta a la radiación solar durante bastante tiempo.
El protector solar también forma parte del equipo
Antes de salir conviene pensar el protector solar con la misma lógica con la que se eligen otros elementos deportivos. Durante el ejercicio aparecen sudor, calor, movimiento y roce con la ropa. Todo eso puede alterar la capa de producto que queda sobre la piel y hacer que la protección disminuya a medida que avanza la actividad.
Por ese motivo, para entrenamientos al aire libre resulta conveniente buscar un protector de amplio espectro y con un factor de protección alto. Las fórmulas resistentes al agua y al sudor son particularmente útiles cuando la actividad va a ser intensa o prolongada. Una textura cómoda y ligera también puede hacer que sea más sencillo mantener el hábito, especialmente en el rostro, donde un producto pesado o que se desplaza hacia los ojos termina siendo molesto.
El número impreso en el envase, sin embargo, no resuelve todo. Usar poca cantidad reduce la protección que realmente recibe la piel. Aplicar apenas un toque sobre la nariz y los hombros antes de salir puede generar una falsa sensación de seguridad. La cobertura necesita ser pareja y alcanzar cada zona que quedará descubierta durante el entrenamiento.
Reaplicar cambia mucho más de lo que parece
Hay un hábito especialmente fácil de olvidar. Ponerse protector antes de salir no significa quedar cubierto durante toda la tarde.
El paso del tiempo, el sudor, el contacto con el agua y el roce pueden disminuir la permanencia del producto sobre la piel. Como referencia general, se recomienda volver a aplicarlo aproximadamente cada dos horas y hacerlo con mayor frecuencia cuando hubo sudoración abundante, contacto con agua o una actividad que fue removiendo parte del protector.
En una salida corta puede pasar inadvertido. En una rodada larga, una jornada de trekking, un torneo o varias horas en una plaza, cambia el panorama. Una estrategia sencilla consiste en asociar la reaplicación con algo que ya forma parte del entrenamiento. Si frenás a tomar agua, comer algo o descansar unos minutos, ese momento también puede servir para revisar la protección.
Cuando la piel está cubierta de sudor, además, puede ser conveniente secarla antes de volver a aplicar el producto. Llevar un envase pequeño en la mochila evita depender de regresar a casa o al vestuario para hacerlo.
La ropa puede ser tu aliada
La piel cubierta recibe menos exposición directa. Parece obvio, pero durante los meses de calor es habitual intentar entrenar con la menor cantidad posible de ropa pensando solamente en la temperatura.
Las prendas deportivas livianas permiten encontrar otro equilibrio. Hay indumentaria desarrollada específicamente con protección frente a la radiación ultravioleta, aunque incluso una elección razonable de prendas que cubran determinadas zonas puede sumar una barrera física. Gorras, viseras y anteojos de sol también ayudan a proteger áreas que permanecen muy expuestas durante carreras, caminatas o entrenamientos largos.
El equipo, claro, cambia según la actividad. No se necesita la misma indumentaria para correr diez kilómetros que para caminar por la ciudad, entrenar movilidad en una plaza o pasar una tarde activa con amigos. Incluso el calzado puede ir desde opciones diseñadas para running hasta unas zapatillas Vans si el plan es recreativo y no exige una pisada específica para correr.
Lo importante es que la elección no termine en remera, short y zapatillas. Si el entrenamiento será afuera, la exposición solar también debería entrar en esa decisión.
Elegir el horario también es una forma de protegerse
No todas las horas exponen a la piel de la misma manera. En general, la intensidad de la radiación UV aumenta durante la franja central del día. Por eso, cuando la rutina lo permite, entrenar temprano por la mañana o más cerca del final de la tarde puede reducir la exposición a los momentos de mayor intensidad solar.
Esto no significa que fuera de esa franja el protector deje de ser necesario. El horario funciona como una capa adicional de prevención, no como reemplazo de las demás medidas.
Hay días en los que tampoco será posible elegir. Un partido tiene horario, una carrera empieza cuando empieza y una excursión puede extenderse varias horas. En esos casos ganan peso otras decisiones como llevar protector para reaplicar, aprovechar sectores con sombra y utilizar accesorios que reduzcan la superficie directamente expuesta.
Una costumbre que conviene sostener todo el año
La asociación entre protector solar y verano está tan instalada que muchas rutinas desaparecen apenas baja la temperatura. Pero entrenar en otoño, primavera o durante una mañana fría también significa pasar tiempo al aire libre y exponerse a radiación ultravioleta.
A veces, el cambio más efectivo no está en agregar cosas sino en organizar mejor las que ya hacemos. Salir una hora antes. Elegir una vereda con sombra. Llevar una gorra. Cubrir las orejas con protector antes de arrancar. Frenar unos minutos para reaplicar durante una salida larga.
El deporte al aire libre tiene algo difícil de reemplazar y justamente por eso vale la pena pensar cómo sostenerlo durante muchas temporadas. Si estás preparando tu equipo para volver a entrenar afuera, podés encontrar indumentaria, calzado y accesorios deportivos para acompañar tus próximas salidas en Vaypol.