Mientras Marina Corina Machado llegó a Oslo para recibir el premio nobel de la Paz, soldados estadounidenses incautaron un buque petrolero que según el país del norte transportaba combustible ilegal.
María Corina Machado reapareció públicamente en Oslo luego de casi un año sin ser vista. Aunque no pudo llegar a tiempo para recibir personalmente el Premio Nobel de la Paz —que fue entregado en la madrugada del miércoles y recibido en su lugar por su hija—, la dirigente venezolana arribó a Noruega horas más tarde y saludó a seguidores desde un balcón antes de brindar dos conferencias de prensa durante el jueves.
En su primera intervención, habló en español y dejó varios mensajes políticos. Agradeció el reconocimiento internacional y aseguró que el Nobel “no es para mí, sino para todos los venezolanos, para los 30 millones que están luchando por su libertad”.
También afirmó que Venezuela “fue invadida por rusos, iraníes y fuerzas terroristas como Hezbollah” y pidió apoyo internacional para bloquear el financiamiento ilícito que —según sus palabras— sostiene al régimen de Nicolás Maduro.
Una fuga cinematográfica
Aunque aún no hay detalles oficiales, medios estadounidenses reconstruyeron una salida de Venezuela digna de un guion de película. Según esas versiones, Machado habría utilizado un disfraz, peluca incluida, y escapado junto a dos acompañantes. Para llegar a la costa atravesó más de diez controles militares, se subió a una lancha de madera rumbo a Curazao —a unos 60 kilómetros de Venezuela— y desde allí tomó un avión privado hacia Estados Unidos. Finalmente, viajó directo a Oslo para sumarse a las actividades del Nobel.
Ya instalada en Noruega, Machado mantuvo un encuentro con la prensa junto al primer ministro noruego. Allí confirmó que Estados Unidos colaboró en su salida del país, aunque evitó dar más detalles.
También fue consultada por la presencia de portaaviones enviados por Donald Trump y el sobrevuelo de aviones F-18 en territorio venezolano. Respondió que “el único que le declaró la guerra al pueblo venezolano es Nicolás Maduro” y reiteró que en el país operan “fuerzas rusas, iraníes, carteles del narcotráfico y grupos terroristas”.
Acusaciones cruzadas y el trasfondo petrolero
En paralelo a sus declaraciones, Estados Unidos anunció la incautación del buque petrolero Skipper, acusado de transportar petróleo venezolano hacia mercados ilegales. Según Washington, la embarcación —antes llamada Adisa y sancionada en 2022— formaba parte de una red que facilitaba operaciones para Hezbollah y para la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Trump aseguró que incluso podrían utilizar el petróleo incautado.
Desde Caracas, Nicolás Maduro respondió con ironías y críticas. Dijo que le sorprendieron “las marchas de noruegos a favor de Venezuela” y acusó al Nobel de la Paz de “guardar silencio” sobre lo que considera una agresión estadounidense. También apuntó contra Javier Milei, asegurando que él y otros líderes “se fueron corriendo” al ver las manifestaciones en Oslo.
La voz de los venezolanos en el exterior
En Mendoza, venezolanos residentes valoraron el Nobel como un reconocimiento a “los presos políticos, los que resisten en lugares oscuros y a quienes dieron su vida por la libertad del país”. También destacaron el rol de Machado como “faro” en la conducción de la oposición.
Señalaron además que más de nueve millones de venezolanos debieron emigrar —muchos por persecuciones políticas o por la crítica situación económica— y consideraron que organizaciones como el llamado “Cartel de los Soles” representan un riesgo regional por su rol en narcotráfico, trata de personas y vínculos internacionales con grupos armados.
El regreso de María Corina Machado a la escena pública, su fuga clandestina y el impacto global del Nobel vuelven a poner a Venezuela en el centro del debate internacional, con acusaciones, presiones diplomáticas y un escenario cada vez más complejo.