¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos? El impacto de la atención fragmentada

¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos? El impacto de la atención fragmentada

Hiperconectividad

La sobrecarga digital está afectando la capacidad de concentración en todas las edades. Expertos explican el fenómeno y proponen estrategias para recuperar el foco.

El uso intensivo de dispositivos móviles y redes sociales ha generado una transformación profunda en los hábitos de atención. Según el INEGI (Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía de México), el 92% de los mexicanos utiliza redes sociales diariamente, mientras que en Argentina, el promedio de uso supera las 3 horas por día. Esta hiperconectividad ha dado lugar a lo que neurocientíficos llaman “atención fragmentada”: la dificultad para mantener el foco en una sola tarea por períodos prolongados. “Vivimos en modo multitarea constante, pero eso no significa que seamos más eficientes”, advierte la psicóloga clínica Haydee Mancilla.

 

Estudios del King’s College de Londres revelan que el 49% de las personas siente que su capacidad de concentración ha disminuido, y el 50% revisa compulsivamente su celular incluso durante actividades importantes. En América Latina, este fenómeno se intensifica por la falta de regulación digital y la presión social por estar siempre disponibles. Cada notificación activa el sistema de recompensas del cerebro, liberando dopamina y reforzando el hábito de distracción. “La tecnología no es el enemigo, pero sí interfiere con nuestra capacidad de atención sostenida”, explica el ciberpsicólogo Chris Fullwood.

La atención fragmentada no solo afecta la productividad, sino también la salud mental. En México, un estudio de la Universidad Anáhuac reveló que los jóvenes pasan más de 3 horas diarias en redes sociales, lo que se asocia con ansiedad, baja autoestima y dificultades académicas.

En Paraguay, investigadores del portal ABC Color advierten que el estrés digital está afectando la memoria y la capacidad de aprendizaje. “El cerebro necesita pausa, no velocidad”, señala el neuroeducador Jorge Hidalgo Toledo, quien propone recuperar el derecho al aburrimiento como espacio creativo.

¿Cómo recuperar el foco? Estrategias prácticas

Expertos recomiendan implementar hábitos de higiene digital: desactivar notificaciones, establecer bloques de trabajo sin interrupciones, y fomentar actividades sin pantallas como leer, caminar o cocinar. En Perú, la Universidad Cayetano Heredia impulsa el uso de herramientas neurocientíficas en la educación superior para mejorar la concentración y el rendimiento académico. “La atención sostenida se entrena, como cualquier músculo”, afirma el psicólogo José Luis García Martínez.

Recuperar la concentración no implica desconectarse por completo, sino aprender a usar la tecnología con propósito. La neurociencia aplicada en la educación aún es incipiente, pero muestra resultados prometedores. En un mundo diseñado para distraernos, concentrarse se ha convertido en un acto de resistencia. La clave está en fomentar una cultura digital consciente, que valore el pensamiento profundo y el tiempo de calidad. Porque en el silencio también pasan cosas.

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