La aparición de una modelo generada de manera artificial en una campaña publicada por Vogue encendió la polémica. Activistas, especialistas en salud mental y figuras del mundo fashion alertan sobre los riesgos para la imagen corporal, especialmente en adolescentes.
En un giro inesperado para la industria de la moda, la revista Vogue publicó en su edición impresa de agosto una campaña publicitaria protagonizada por una modelo generada íntegramente con inteligencia artificial (IA). El anuncio, realizado por la agencia Seraphinne Vallora para la marca Guess, fue presentado como una innovación estética, pero el detalle de que se trataba de una imagen sintética pasó desapercibido para muchos lectores. Y cuando salió a la luz, la polémica explotó en redes sociales.
El uso de modelos virtuales no es nuevo, pero su llegada a una publicación emblemática encendió alarmas. Especialistas en salud mental, activistas por la diversidad y figuras del mundo de la moda expresaron su preocupación por los estándares corporales irreales que este tipo de imágenes promueven, especialmente entre adolescentes y jóvenes en plena formación identitaria. “No es solo una fantasía visual, es una herramienta que puede distorsionar la percepción del cuerpo”, advirtió la psicóloga británica Rosanna Miles.
La campaña muestra a dos modelos femeninas —rubia y morocha— con proporciones estilizadas, piel perfecta y poses estudiadas. Desde la agencia aseguran que “no buscan imponer cánones”, pero reconocen que sus contenidos generan más impacto cuando se adaptan a estéticas convencionales. Esta lógica despierta interrogantes sobre qué se considera “atractivo” en el entorno digital y cómo la IA termina reforzando sesgos invisibles.
El problema no es solo visual: detrás de una imagen generada hay una cadena de oficios que pueden quedar desplazados. Fotógrafos, maquilladores, estilistas y modelos reales ven amenazada su fuente laboral ante la proliferación de campañas “low cost” creadas por equipos reducidos y algoritmos entrenados. Desde Vogue, aclararon que se trataba de espacio publicitario y no contenido editorial, aunque el impacto fue igual de contundente.
En redes sociales, usuarios y usuarias acusaron a la revista de “banalizar la belleza” y contribuir a trastornos alimentarios. Hashtags como #ModeloIA y #CuerposReales se viralizaron junto a testimonios de jóvenes que manifestaron sentirse cada vez más inseguros con su apariencia. “Queremos ver personas reales, con marcas, curvas y diversidad. No avatares perfectos”, reclamó la modelo plus size Felicity Hayward.
La inclusión de IA en campañas de moda plantea un dilema ético de fondo. ¿Qué responsabilidad tienen las marcas y los medios en la salud emocional de sus audiencias? ¿Es legítimo generar imágenes hiperrealistas que se asemejan a humanos pero que responden solo a parámetros algorítmicos? Para muchos especialistas, la falta de transparencia y regulación abre la puerta a un nuevo tipo de manipulación estética.
Además del impacto emocional, hay una dimensión educativa y cultural que no puede ignorarse. Activistas por la alfabetización digital alertan sobre la necesidad de enseñar a niñas, niños y adolescentes a identificar contenido artificial, cuestionar lo que consumen y desarrollar pensamiento crítico. “La belleza no debería depender de una máquina”, concluyó la socióloga argentina Natalia Robledo.
Mientras la industria debate los límites del arte digital, crece el llamado a priorizar campañas con cuerpos reales, historias auténticas y diversidad visible. Porque si de moda se trata, la inclusión no debería ser una tendencia, sino una práctica constante.