Huertas en espacios pequeños: el ritual urbano que crece cada vez más

Huertas en espacios pequeños: el ritual urbano que crece cada vez más

Sustentabilidad

Aunque el espacio sea limitado, cada vez más personas eligen armar huertas en balcones y macetas. ¿Qué se puede cultivar? ¿Cómo empezar? Expertos explican por qué esta práctica crece, qué beneficios tiene y cómo transformar tu hogar en fuente de alimento y bienestar.

En medio del cemento y la rutina acelerada, cada vez más personas eligen cultivar sus propios alimentos en balcones, terrazas o patios pequeños. Lo que comenzó como una respuesta al encierro durante la pandemia, hoy se consolida como una práctica cotidiana que combina ahorro, bienestar y sostenibilidad. Según el Ministerio de Agricultura de Chile, los huertos urbanos crecen a un ritmo del 15% anual desde 2020.

“La falta de espacio dejó de ser una excusa. Hoy vemos que la gente quiere cosechar, aunque sea una lechuga, porque eso significa autonomía, salud y conexión con la tierra”, explica Lorena Tanferna, técnica del Programa ProHuerta del INTA en Argentina. En ambos países, proliferan los kits de cultivo, las macetas geotextiles y los tutoriales para armar huertas verticales o en contenedores reciclados.

El cambio no es solo práctico, sino cultural. “La sociedad está buscando reconectar con saberes ancestrales, reducir el impacto ambiental y enseñar a las nuevas generaciones que la comida no nace en el supermercado”, señala Jadille Mussa, experta en sustentabilidad de la Universidad Central de Chile. En barrios de Santiago y Mendoza, vecinos intercambian semillas, compostan residuos y transforman balcones en refugios verdes.

¿Qué se puede cultivar en espacios reducidos? Más de lo que parece. En macetas de 20 a 50 cm se pueden sembrar aromáticas como albahaca, menta y orégano; hortalizas de hoja como lechuga, rúcula y espinaca; tomates cherry, cebollas de verdeo y hasta frutillas. En Chile, también se cultivan ajíes, zapallos y hierbas medicinales como melisa y boldo.

Estudios del INTA destacan que las huertas urbanas ayudan a amortiguar el calor, mejorar la calidad del aire y reducir el estrés. Además, fomentan el vínculo intergeneracional: abuelos y nietos comparten tareas, aprenden juntos y fortalecen lazos a través del cuidado de las plantas.

Para empezar, los especialistas recomiendan observar cuántas horas de sol recibe el espacio (mínimo 3 para hortalizas de hoja), elegir macetas con buen drenaje, usar sustratos orgánicos y regar con frecuencia, sobre todo en verano. También es clave asociar cultivos compatibles y rotarlos cada temporada para evitar plagas y mantener la fertilidad del suelo.

La agricultura urbana ya no es una moda: es una microtransformación cotidiana que redefine el vínculo con el alimento, el ambiente y la comunidad. En palabras de Tanferna, “cultivar en casa es volver a ser responsables de nuestro sustento, incluso en medio de la ciudad”.

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