El presidente Nayib Bukele sancionó una reforma que permite imponer prisión perpetua a adolescentes por delitos graves. La medida, defendida como parte de la “guerra contra las pandillas”, despierta críticas internacionales por su impacto en los derechos humanos.
El Salvador aprobó una reforma constitucional inédita en la región. Desde ahora, los menores de 12 años podrán recibir condenas de cadena perpetua por delitos como homicidio, violación y pertenencia a pandillas. La iniciativa fue impulsada por el presidente Nayib Bukele y respaldada por la Asamblea Legislativa.
Hasta la sanción de esta ley, el sistema penal juvenil establecía límites: máximo 10 años de prisión para adolescentes de 12 a 15 años y hasta 20 años para los de 16 a 18. Con la reforma, esos topes desaparecen y se equipara el castigo con el de los adultos en delitos considerados graves.
El ministro de Seguridad, Gustavo Villatoro, defendió la medida: “Estamos proponiendo traer ese juzgamiento a las penas de cadena perpetua aún en el caso de menores de edad, así como estamos tratando a los menores que pertenecen a organizaciones terroristas”.
La normativa incluye un mecanismo de revisión de penas. Los menores condenados podrán solicitar evaluación judicial cada cinco años, una vez cumplidos 25 años de prisión efectiva. En el caso de adultos, la revisión se habilita tras 30 o 35 años, dependiendo de la gravedad y cantidad de delitos.

El Cecot, la cárcel de máxima seguridad en El Salvador donde se alojan pandilleros.
La votación en la Asamblea fue contundente: 45 votos a favor y 8 en contra, con el respaldo del partido oficialista Nuevas Ideas. Los sectores opositores cuestionaron que la reforma vulnera principios básicos de protección a la infancia y abre la puerta a abusos judiciales.
Organismos internacionales y defensores de derechos humanos ya expresaron preocupación. Señalan que la medida contradice tratados internacionales firmados por El Salvador y podría agravar la situación de miles de adolescentes en contextos de pobreza y violencia estructural.

El Cecot, la cárcel de máxima seguridad en El Salvador donde se alojan pandilleros.
En paralelo, Bukele refuerza su imagen de líder implacable frente al crimen organizado, tras haber inaugurado megaprisiones como el Cecot y mantener vigente el régimen de excepción desde 2022.