El lado B de las investigaciones del fondo del mar

El lado B de las investigaciones del fondo del mar

Un mar de basura

Científicos detectan redes, envoltorios, plásticos en arrecifes y en los fondos oceánicos en Argentina y Chile. Los microplásticos invaden el 100 de las reservas de agua dulce y cada vez más peces tienen en sus panzas basura.

Los océanos del mundo —incluido el mar argentino— están revelando secretos incómodos: toneladas de residuos plásticos que se acumulan en el fondo marino, incluso en zonas consideradas inexploradas. Investigadores del CONICET llevan adelante estudios pioneros que podrían cambiar la forma en que entendemos la contaminación, su alcance y sus consecuencias.

La red científica SEPIA, impulsada por el organismo, busca estandarizar metodologías y conectar estos hallazgos con políticas públicas. En solo cuatro años, concentraron más del 70% de las investigaciones nacionales sobre el impacto del plástico en ambientes acuáticos. Los datos son contundentes: se encontraron microplásticos en el 100% de los organismos de agua dulce estudiados, y en peces costeros con alteraciones hepáticas relacionadas al plástico ingerido.

Pero no se trata solo del mar argentino. En estudios globales que abarcaron 84 ecosistemas de arrecifes en el Pacífico, Atlántico e Índico, se hallaron residuos plásticos en casi todos los sitios. En arrecifes a más de 130 metros de profundidad aparecieron redes de pesca, bolsas, cordeles y hasta zapatos. Muchos de estos residuos provocan el fenómeno de “pesca fantasma”, donde animales quedan atrapados en redes abandonadas sin posibilidad de escapar.

En la Patagonia chilena y en zonas costeras protegidas del norte del país también se reportaron acumulaciones preocupantes de basura marina. El impacto se extiende a toda la cadena alimentaria: desde el plancton contaminado hasta los grandes depredadores.

Los efectos sobre la fauna son devastadores. Los microplásticos afectan la fertilidad, el sistema inmunológico y los hábitos alimenticios de peces, tortugas, aves y mamíferos marinos. También alteran la migración y reproducción de especies comerciales, lo que contribuye a la disminución de cardúmenes, con consecuencias tanto ecológicas como económicas.

Expertos del CONICET insisten en que estos estudios tienen un potencial enorme para despertar conciencia. “Medir la contaminación en profundidad nos permite entender cómo se acumula el plástico y qué impacto tiene en la pesca, el turismo, la salud humana y los ecosistemas costeros”, explican.

El problema no termina en el agua: hay una dimensión terrestre y social. A mayor acumulación de basura marina, mayor riesgo de ingesta de microplásticos en humanos, pérdida de biodiversidad y retroceso en la seguridad alimentaria.

La solución exige esfuerzos desde múltiples frentes: regulación de plásticos, campañas de limpieza, educación ambiental, innovación en materiales biodegradables y compromiso ciudadano. Cada residuo que no llega al mar, cada red recogida, cada decisión consciente suma.

La basura ya no es invisible. Y el fondo del océano, con sus secretos revelados, se convierte en un espejo del consumo humano y en una alarma silenciosa para la acción urgente.

Seguinos en