Mochilas que cargan celulares, prendas con calefacción y toldos inteligentes ya forman parte de los prototipos que combinan moda, tecnología y sustentabilidad. Algunas empresas latinoamericanas ya incorporan energías limpias en su producción.
Los textiles solares, también conocidos como tejidos fotovoltaicos, son telas capaces de generar electricidad a partir de la luz solar. Incorporan células solares flexibles en su estructura, lo que permite que prendas, mochilas o toldos funcionen como pequeñas fuentes de energía limpia. Aunque suena futurista, esta tecnología ya se está desarrollando en países como Argentina, Chile y Colombia, con aplicaciones reales y prototipos en marcha.
En Argentina, empresas como Alpargatas Textil han comenzado a integrar energía solar en sus procesos productivos. En 2023 inauguraron una planta fotovoltaica en Corrientes que abastece parte de su capacidad de tejimiento. El uso de energía renovable en la industria textil marca un paso clave hacia la sostenibilidad. “La energía es lo que más impacta en el bolsillo, y así solventamos un problema”, explicó Andrés Solcz, gerente de Knittax Argentina, que también presentó maquinaria textil alimentada por energía solar.
En Chile, el foco está puesto en la economía circular. Proyectos como Reutilizatex y Ecofibra transforman desechos textiles en paneles aislantes térmicos y acústicos. Estas iniciativas muestran cómo la innovación textil puede tener impacto ambiental y social. “En la naturaleza no existe el concepto de basura. Todo se reutiliza, todo sirve para algo”, señaló Carolina Soto, fundadora de Reutilizatex.
A nivel regional, el proyecto Sun-Powered Textiles —desarrollado por universidades y empresas en Europa— ha logrado encapsular células solares en tejidos sintéticos lavables y reciclables. Aunque aún no se comercializan masivamente, los prototipos ya resisten lavados a máquina y mantienen su eficiencia. “La ropa de trabajo es la aplicación más prometedora, porque permite integrar energía sin alterar la estética”, explicó Elina Ilén, investigadora del proyecto.
¿Para qué sirven estos textiles solares? Las aplicaciones van desde bolsos que cargan celulares hasta prendas con calefacción integrada o toldos que generan electricidad. En zonas rurales o con acceso limitado a energía, podrían ofrecer autonomía energética portátil. Además, tienen potencial en moda sustentable, arquitectura textil y dispositivos portátiles.
Entre los beneficios destacan la reducción del consumo eléctrico convencional, la portabilidad energética, el bajo impacto ambiental y la posibilidad de generar energía en movimiento. También podrían contribuir a la inclusión energética en comunidades vulnerables, especialmente si se desarrollan modelos accesibles y escalables.
Respecto a los costos, los textiles solares aún se encuentran en etapa de prototipo o producción limitada. Según estimaciones internacionales, una mochila solar puede costar entre USD 80 y 150, mientras que prendas con células solares integradas superan los USD 300. En Latinoamérica, el acceso dependerá de la escala de producción, los subsidios y la demanda local. Por ahora, se trata más de una tecnología emergente que de un producto masivo.
Con avances en Argentina y Chile, y proyectos internacionales que prueban su viabilidad, esta tecnología promete transformar la forma en que vestimos, nos movemos y nos conectamos con el entorno.