Admitió que quería robar y abusar sexualmente de sus víctimas suicidas y las contactaba por Twitter.
Este caso parece una fantasía de David Fincher. Con toda la tecnología a disposición y con todos los mecanismos de control y vigilancia, parece imposible pensar en un asesino en serie a la vieja usanza; sin embargo siguen existiendo, sorprendiendo y aterrorizando.
Takahiro Shiraishi, de 27 años, reconoció ante las autoridades haber asesinado, desde el 22 de agosto de 2017 a nueve personas, aparentemente ocho mujeres y un hombre, a los que contactó a través de Twitter y luego atrajo a su departamento de Zama, en la prefectura de Kanagawa, ofreciéndoles asistencia para morir.
Shirashi admitió que entre sus víctimas había varias adolescentes, además de la pareja de una de las mujeres a la que había asesinado anteriormente, quien se puso en contacto con él luego de la “desaparición” de su novia, según información de Kyodo.
Una de las razones que tuvo Takahiro para cometer sus crimenes fue el robo. En una ocasión se hizo con 500.000 yenes (3.775 euros / 4.400 dólares / 2.781.000 pesos chilenos).
Otra de sus motivaciones también fue engañar a algunas de las mujeres con el fin de abusar sexualmente de ellas, según Kyodo.
La policía encontró los restos humanos en la vivienda de Shiraishi mientras investigaban la desaparición de una joven de 23 años de Tokio, cuyo cadáver finalmente fue encontrado entre los restos hallados en la vivienda.
La mujer había publicado a finales de septiembre un mensaje en Twitter buscando a alguien con quien quitarse la vida. Desafortunadamente, el asesino dio respuesta con un “Muramos juntos”, según datos de la investigación recogidos por la agencia local.
Las cámaras de seguridad en la estación de cercanías tokiota de Hachioji registraron cómo ambos tomaron un tren con dirección al domicilio del sospechoso.
Esa fue una pista clave para la policía que, al llegar a la casa, encontró allí las cabezas, miembros y otros restos humanos desmembrados, además de cerca de 240 huesos guardados dentro de cajas y neveras portátiles.
“No podía tirar (los cuerpos) por temor a ser atrapado”, dijo el Takiro a la policía en declaraciones recogidas por Kyodo.
Según le explicó a la policía, al principio le tardó 3 días descuartizar un cadáver, pero a partir de la segunda persona “no se demoraba más de un día”.
El japonés desmembró los cuerpos en la tina de su apartamento y tiró a la basura algunos restos. Las autoridades creen que usó una sierra encontrada en el escenario para realizar las mutilaciones.
Según fuentes cercanas a la investigación, la detención se produjo gracias al hermano de una de las víctimas, quien usando la cuenta y contraseña de su hermana recabó valiosa información a través de Twitter.
Fue así como dio con el nombre de una mujer que aseguró conocer al hombre con el que hablaba su hermana sobre suicidio y accedió a juntarse con él en un lugar público y bajo la vigilancia de la policía.
Los crímenes cometidos por Takiro Hirashi ocurrieron en este orden: Asesinó a una de las víctimas en agosto, a 4 en septiembre y otras 4 en octubre. Las edades de las víctimas están comprendidas entre finales de la adolescencia y fin de la veintena.
Shiraishi permanece detenido como sospechoso de haber intentando deshacerse de los cadáveres, un cargo que presentan habitualmente las autoridades niponas mientras reúnen pruebas suficientes para iniciar una acusación por homicidio.
Anteriormente, el sospechoso ya había sido detenido por introducir a mujeres en un local donde eran forzadas a prostituirse en el distrito de Kabukicho en Tokio, detalló Asahi.
