Frente al Hospital Humberto Notti, un restaurante familiar de Mendoza se transformó en mucho más que un lugar de paso. Allí funciona un roperito comunitario que ofrece ropa, abrigo, calzado y café caliente a quienes atraviesan momentos difíciles. La iniciativa nació desde la fe y hoy se sostiene gracias a la solidaridad de toda la comunidad.
En una esquina transitada de Guaymallén, justo frente al Hospital Notti, hay un cartel simple pero poderoso: “Si lo necesita, lo puede llevar”. No es una consigna publicitaria, sino el espíritu que guía a La Negrita, un café mendocino que decidió abrir sus puertas, y su corazón, a quienes más lo necesitan ayudándolos con ropa, comida caliente y también con una sonrisa y un abrazo, algo que significa mucho para aquellos que están pasando por un momento difícil.
Cada día, los dueños de “La Negrita”, abren sus puertas para atender a los clientes, pedidos van y vienen, pero no es lo único. Allí funciona un roperito comunitario, un espacio solidario donde cualquier persona puede acceder, sin preguntas ni condiciones, a ropa, calzado y abrigo, especialmente pensado para familiares de pacientes, personas en situación de vulnerabilidad y vecinos que atraviesan un mal momento y necesitan de ayuda.
En el restaurante ubicado en Bandera de los Andes 2678, frente al Hospital Notti, la familia decidió transformar un rincón del negocio para recibir donaciones y entregar ayuda de manera directa.
La ubicación no es casual: todos los días pasan por allí familias enteras que llegan desde distintos puntos de Mendoza y del país, muchas veces con lo puesto y con largas horas de espera por delante.
Detrás del proyecto está Paola, impulsora del roperito, quien explica que se trata de una “obra solidaria al servicio de Dios”, nacida desde una vocación que la acompaña desde la adolescencia. A los 13 años comenzó a participar en acciones solidarias junto a médicos del Hospital Notti que atendían de manera gratuita en zonas rurales de Lavalle.
Esa experiencia marcó su vida. Con el paso del tiempo, la ayuda continuó de distintas formas, hasta que hace poco más de dos años sintió que era momento de volver a empezar. Con el apoyo de su familia, comenzó a recolectar donaciones, sin imaginar que el gesto crecería hasta convertirse en un proyecto colectivo.
Un objetivo claro: ayudar sin juzgar
El propósito del roperito es simple y profundo: servir al prójimo. No se pregunta, no se juzga y no se exige nada a cambio. Un abrigo, unas zapatillas, una manta o una taza de café caliente pueden marcar la diferencia en una noche difícil o en una espera interminable.
“Sé que no puedo cambiar la vida ni el mundo de una persona, pero sí creo profundamente que puedo hacer que ese día sea un poco mejor”, explicó Paola a elnueve.com.
La iniciativa generó una reacción conmovedora. Vecinos, clientes y personas que llegan por recomendación se acercan a donar ropa y calzado. Otros llegan buscando ayuda y se van no solo con algo material, sino también con una palabra de aliento o un abrazo.
Uno de los gestos que más emociona al equipo es ver cómo muchas personas que alguna vez recibieron ayuda, tiempo después regresan para donar lo que pueden. “Eso confirma que la solidaridad se multiplica”, expresaron.
Durante el invierno, entre los meses de mayo y agosto, el compromiso se extiende a las calles. Una o dos noches por semana, después de las 22, el equipo sale a repartir café caliente, tortitas, abrigo y mantas a personas en situación de calle.
Hoy, el roperito es posible gracias a un trabajo en equipo: familia, compañeros de trabajo, amigos, vecinos y personas de la Iglesia que colaboran recolectando, lavando, ordenando y repartiendo donaciones, expresaron desde La Negrita.
“Siento también que mi papá, que hoy está en el cielo, sigue presente y colaborando conmigo. Este roperito es un sueño que Dios puso en mi corazón y que, desde un lugar pequeño, busca aliviar un poco el dolor de quienes lo necesitan”, apuntó Paola.
Desde el comercio apuntaron que también reciben donaciones de ropa, juguetes, útiles escolares, alimentos y ropa de cama para seguir ayudando con este rincón.
Desde un espacio pequeño, frente a un hospital emblemático, este gesto solidario mendocino demuestra que la empatía cotidiana también puede cambiar realidades. A veces, todo empieza con una frase sencilla: “Si lo necesita, lo puede llevar”.