Si desde los propios padres no están resueltos los límites para bajar un mensaje coherente, sin ser represivo, los niños/as y adolescentes pueden caer fácilmente en su propia trampa. El disparador esta vez lo lanzó una mamá de Brasil, que le cerró la redes a su hija de 14 años, con 2 millones de seguidores. Para repensar.
“¡Porque lo digo yo!”. Famosa e icónica frase de madres y padres que en otras generaciones no daban mayores explicaciones a la hora de dar un “no” contundente y sin más. ¿Es lo óptimo? Nada es bueno o malo de forma cerrada, todo tiene sus matices. Se aprende a ser padre y madre en el trayecto. Claro está que la restricción, la prohibición sin razón, u ostentar una figura de autoridad sin empatía ni diálogo con los chicos es el peor error en el que se puede caer. ¿Pero qué sucede si se cae en el otro extremo en la actualidad? ¿Somos capaces como adultos de ser cuidadores de nuestros hijos, respecto a la era de dispositivos y redes sociales de las que son sus propios productores y actores?
Un especialista dijo alguna vez que dejar a un chico/a solo/a sin ningún tipo de control o límite (hablando de redes), era como abandonarlo en la mitad de la noche en la calle, sola/o, en una zona desconocida, sin protección ni red.
Sin la mínima posibilidad de ayudarlo si alguien salía de esa oscuridad voraz para atacarlo, y sin la mínima opción de protegerlo. La analogía viene a cuento más que nunca, ya que el caso de una madre brasilera que eliminó las redes sociales de su hija de 14 años (¡con 2 millones de seguidores!) abrió la eterna controversia al respecto. ¿Hizo bien? ¿Hizo mal? Cada quien lo medirá con su vara, pero el resultado para ella y su hija fue el mejor: ya que la propia adolescente le agradeció a su madre ese límite, que desde el amor firme, puso fin a su padecer (presiones de seguidores, no sentirse a la altura, bajo rendimiento, falta de autoestima)
“Fue una decisión necesaria”, dijo Fernanda Rocha Kanner la madre de la precoz influencer. La mujer lo hizo cuando se dio cuenta de que su hija le daba demasiada importancia a los miles de comentarios que los seguidores dejaban por escrito. Kanner, que es médica y vive en San Pablo, Brasil, fue tajante respecto de su decisión: “Radical, sí. Necesaria, también”, aseguró por TV Globo.
“No creo que sea sano, ni siquiera para un adulto y mucho menos para un adolescente, basar la autopercepción en comentarios online”, opinó al respecto. “Ya es bastante difícil descubrir quién eres a los catorce años. Cuando tienes casi dos millones de seguidores que no has visto en tu vida y que creen que te conocen, es aún más peligroso. Es más fácil perder el rumbo”, agregó .
Límites claros, el mejor acto de amor
Desde la mirada profesional de la psicopedagoga María Zysman, (directora de Libres de Bullying) “lejos de juzgar a esta niña y a su madre, la decisión de esta última seguramente tiene que ver con la infelicidad de su hija con esa enorme presión de hacer “felices” a 2 millones de personas. Ella como mamá tenía en sus manos un rol fundamental, y lo llevó a cabo. Es muy difícil irse para una chica de esa edad de una situación aparentemente ‘genial’ en donde te siguen dos millones de personas. Solemos olvidar que tener semejante cantidad de seguidores para cualquiera, implica un impacto que va más allá de narcisismo de decir ‘qué genial que soy'”. Es una presión de la mirada ajena, inmensa e innecesaria siendo tan chicos, e incluso de grandes”.
-¿Qué se busca en las redes sociales?
“En las redes se vive mirando qué se genera en los otros. Se busca un refuerzo de la autoestima en función de la mirada que los otros tienen de lo que se muestra de uno. El problema es que esa mirada de todas esas personas, cuando me afecta tanto desde lo positivo como desde lo negativo resulta en distorsiones propias, falta de autoestima, y carencia de contacto real con seres cercanos en donde se actúa como si se estuviera hablando a través de la red”.
Poder poner límites a todo eso me parece sano, aunque no sé si es la mejor manera (aludiendo al caso de Brasil) de un momento para otro, pero sí el hecho de que si hay un acompañamiento amoroso, pero responsable de lo que hacen nuestros hijos/as, y notamos que esta locura de cantidad de seguidores es desmesurado, que nuestros hijos/as se ven exigidos, desvalorizados o superados, el límite tiene que estar.
¿Cómo conseguir ese equilibrio? ¿De qué manera bajar el mensaje a chicos y chicas que hacen de su vida las redes? Enterate en esta nota que el equipo de Cada Día le hizo a la psicopedagoga Marría Zysman.