“No quiero depender de nadie”: una pareja de jubilados mendocinos cuida autos en la plaza para poder pagarse sus remedios

“No quiero depender de nadie”: una pareja de jubilados mendocinos cuida autos en la plaza para poder pagarse sus remedios

Mendoza

Antonio y Juana tienen 85 y 80 años, cobran la jubilación mínima y cada noche trabajan frente a Plaza Independencia para afrontar los costos de medicamentos que no cubre la obra social.

Cada noche, de lunes a sábado, Antonio Alberto Tula y su esposa Juana Cruz Rosales se instalan sobre la calle Rivadavia, frente a Plaza Independencia, en pelo corazón de la Ciudad de Mendoza. Allí cuidan autos durante varias horas. No lo hacen por elección, sino empujados por una realidad que se repite en miles de hogares: la jubilación mínima no alcanza para cubrir los gastos básicos, especialmente los vinculados a la salud y al pago de los remedios.

Ambos son jubilados mendocinos y perciben el haber mínimo. Según relatan, gran parte de sus ingresos se destina a la compra de medicamentos, incluso con los descuentos que ofrece la obra social. “Soy jubilado, cobro la mínima y esto me ayuda a comprar los remedios”, explicó Antonio, quien realiza esta tarea informal desde hace años para poder sostener sus tratamientos médicos.

Juana lo acompaña siempre. “Estamos los dos solos, por eso viene conmigo”, contó Antonio. La presencia de ella no solo es una ayuda práctica, sino también un sostén emocional en largas jornadas que muchas veces se extienden hasta altas horas de la noche.

El dinero que reúnen no está pensado para lujos ni gastos extra. “Sirve para la comida, pero sobre todo para los remedios”, aseguró Antonio. Ambos cuentan con OSEP, que les otorga un 40% de descuento en algunos medicamentos, aunque los de mayor costo, como los destinados a la presión arterial o la neuralgia, deben afrontar gran parte del costo.

“Son muchos remedios y son carísimos. Tener que pagar el 60% es muchísimo para mí”, explicó con crudeza. Aun así, Antonio remarca que no quiere pedir ayuda. “Mis hijos no quieren que yo trabaje, pero yo trabajé toda mi vida”, afirmó.

Una vida marcada por el trabajo

La historia de Antonio es la de un hombre que nunca dejó de trabajar. Desde muy joven realizó tareas rurales, cosechas, trabajos de limpieza, seguridad y empleos informales. Solo estuvo en relación de dependencia en dos oportunidades, lo que hoy se traduce en una jubilación mínima que no le permite afrontar los gastos de salud.

Siempre fui pobre, siempre trabajé de todo. Nunca pedí nada regalado”, recordó. A pesar de los problemas de salud que reconoce atravesar, salir a trabajar le permite mantenerse activo. “Esto también me distrae, me hace bien a la cabeza”, confesó.

Antonio es claro cuando habla de su decisión: “No quiero depender de nadie, quiero mantenerme a mí mismo”. Asegura que no pide ayuda ni a familiares ni a conocidos, y que lo que recibe es fruto de su trabajo y del respeto mutuo con quienes estacionan en la zona.

“Nunca exigimos un monto. Lo que la gente quiera dar es bienvenido. Yo trato a todos con respeto y ellos a mí”, explicó. El trato cotidiano con los vecinos y conductores, dice, es mayormente solidario y comprensivo.

Con una serenidad que conmueve, Antonio reflexiona sobre el tiempo que le queda. “Ya llegué a esta edad. Todo lo que viene de ahora en más es un regalo”, expresó. Su deseo es simple: vivir de la mejor manera posible.

La historia de Antonio y Juana expone, con crudeza y dignidad, la situación que atraviesan muchos jubilados en la Argentina, obligados a buscar ingresos extra para cubrir necesidades esenciales como la salud.

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