En la escuela Américo D’Angelo, una celadora decidió recibir a los alumnos al ritmo de la música. Su iniciativa contagió sonrisas y cambió por completo la energía de las jornadas escolares.
Cada mañana, cuando suenan las primeras campanas en la Escuela 4-146 Américo D’Angelo, ubicada en las calles Ushuaia y Castro de Guaymallén, el patio se llena de música, ritmo y sonrisas.
En la entrada, con su parlante listo y pasos de baile ensayados, Carina Occhionero, la celadora del establecimiento, da inicio a una jornada diferente: una que empieza con buena energía.
Mientras los alumnos del barrio Quintanilla de Jesús Nazareno se acercan, Carina los recibe con cuarteto, pop o reggaetón. Algunos chicos se animan a seguirle el ritmo, otros simplemente sonríen, y hasta los docentes se suman moviendo los hombros antes de entrar al aula. La escena, que ya se volvió parte del ADN de la escuela, se repite todos los días y se convirtió en una costumbre esperada por todos.
La rutina comienza bien temprano. A las 7 de la mañana, Carina ya está en la escuela. Limpia, ordena y deja todo preparado. Minutos después, enciende el parlante y empieza la función. “Venga enojada o venga como venga, pongo la música y se me olvida todo”, dice entre risas.
Su propuesta no solo contagió a los estudiantes, sino también a los docentes y directivos. Agustina, la regente del establecimiento, reconoce la iniciativa: “Nos encontramos con música, con Cari que nos canta, que nos baila, que nos sonríe, que nos agita para movernos y para sonreír y para empezar el día de otra manera“.
Carina lleva más de veinte años trabajando como celadora y, según dice, encontró en esta costumbre una forma de enseñar valores: “Empecé este año, porque el año pasado a veces vi chicos que entraban y no te querían decir ni buen día, entonces dije ¿cómo? el respeto hay que tenerlo siempre presente, así vayas en la calle, en un salón, estés en la escuela, entonces dije no, no dicen hola, ajá, me voy a poner, me van a tener que saludar y decir buen día y entrar con alegría y eso es lo conseguí, gracias a Dios lo conseguí. ¿Por qué? Porque ellos vienen dormidos, cansados. Hay algunos que no les gusta nada, pero entran con otro ritmo“, explica.
En la Américo D’Angelo, una escuela orientada al arte, teatro y medios, la creatividad tiene un lugar especial. Y la propuesta de Carina encaja a la perfección.
Cada mañana, los pasillos se llenan de risas, los saludos se multiplican y el día empieza con otra energía. La alegría de Carina se volvió parte del espíritu escolar.