El “Oscar de la gente” se jubiló tras 22 años en una estación de GNC de Guaymallén y su despedida emocionó a todos

El “Oscar de la gente” se jubiló tras 22 años en una estación de GNC de Guaymallén y su despedida emocionó a todos

Tras 22 años de trabajo y cientos de madrugadas, Oscar Torres se despidió de su puesto en una estación de GNC de Guaymallén con un emotivo homenaje de compañeros y clientes que reconocieron su calidez y compromiso.

Después de más de dos décadas de trabajo, madrugadas y trato cercano con clientes, Oscar Torres, conocido por todos como “el Oscar de la gente”, cerró una etapa que dejó huella en una estación de servicio de Guaymallén. Su último día no fue uno más: estuvo marcado por homenajes, sorpresas y el cariño de quienes compartieron con él años de rutina y compañerismo.

Trabajó durante 22 años en la estación de GNC ubicada en calle Alberti y Albania, aunque su historia allí comenzó casi por casualidad. Corría 2003 cuando, mientras estudiaba inglés en la ciudad, un encargado le ofreció sumarse al turno noche. Aceptó pensando que sería algo temporal, pero el tiempo transformó aquella oportunidad en una vida laboral completa.

Desde entonces, Oscar no faltó a su estilo: llegar temprano, siempre de buen humor y con una energía que lo convirtió en un personaje querido. Así nació el apodo que lo acompañó durante años. “Llegaba cantando ‘Oscar de la gente’ y los clientes empezaron a decirme así. Para mí es un orgullo”, contó.

El compromiso no fue menor. Durante todo este tiempo, recorrió diariamente 100 kilómetros entre ida y vuelta desde su casa en Colonia Junín hasta la estación. Pero más allá del esfuerzo, lo que construyó fue un vínculo humano con clientes, compañeros y jefes.

Su despedida reflejó ese lazo. Globos, carteles, mensajes y hasta un mural fueron parte del reconocimiento que le prepararon. Incluso los clientes quisieron ser parte del adiós, acompañándolo en su última jornada laboral.

“Fue una mezcla de emociones que no pensé que me iban a pasar. Ver todo lo que hicieron por mí me generó un nudo en la garganta”, expresó conmovido.

El homenaje incluyó gestos simbólicos: su “última carga”, fotos con compañeros y hasta una despedida al estilo de una promoción escolar, con firmas y recuerdos que quedarán para siempre.

Lejos de hablar de un final, Oscar lo vive como un nuevo comienzo. “Se cierra una etapa como trabajador activo, pero voy a buscar otras cosas para hacer. Ahora voy a tener más tiempo para la familia, los amigos y también para el teatro”, adelantó.

En un contexto especial —su retiro coincidió con el Día del Trabajador— dejó una reflexión que resume su historia: “Es raro, porque en el Día del Trabajador dejo de trabajar, pero voy a seguir haciendo cosas y tratando de disfrutar esta nueva etapa”.

Más que una jubilación, lo suyo fue una celebración. Porque entre surtidores, madrugadas y charlas cotidianas, Oscar no solo cumplió un rol: construyó un legado. Y por eso, para todos, seguirá siendo el mismo de siempre: el “Oscar de la gente”.

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