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Las historias jamás contadas por los empleados de hoteles

Los cuartos de hotel son testigos de las cosas más insólitas y desagradables. ¡No lo vas a poder creer!

Por Redacción ElNueve.com
20 de septiembre de 2017 | 11:44

Para los huéspedes los hoteles representan lugares mágicos a los que acudimos a descansar y disfrutar, ya que la mayoría de las veces vamos en vacaciones. También es común recurrir a ellos por trabajo, sin embargo, nunca nos imaginamos los desagradables episodios que tienen lugar en esos cuartos, ni las situaciones con las que tienen que lidiar los empleados.

Trabajar en un hotel te da la oportunidad de recibir a muchas personas que quizás te tratan bien como otras que no; además, resulta ser un asiento de primera fila para ser testigo insólitas historias que ocurren dentro de las habitaciones: excesos de drogas y alcohol, brujería, infidelidades, fantasías sexuales, entre varias más.

Por ellos, el sitio Vice, habló con trabajadores de varios hoteles para saber qué es lo que más odian de su trabajo, qué es lo que hacen mal y algunas otras anécdotas que se han tenido que callar.

Un cuarto lleno de excremento

La vez que más odié mi trabajo fue cuando nos dimos cuenta de que un huésped había llenado de caca toda su habitación: sábanas, lavamanos, almohadas, piso, etcétera. Cuando lo llamamos para cobrarle el servicio de limpieza extra y saber si estaba enfermo o tuvo algún tipo de accidente, comentó que no era el caso, que él sabía lo que estaba haciendo y que con gusto pagaba el costo extra de limpieza, unos 250 dólares.

También, sin querer, quizá rompí un matrimonio debido a que tuve un problema con una tarjeta de crédito de un huésped. La tarjeta no funcionaba y resulta que el teléfono que estaba afiliado era el de la esposa. Yo llamé diciendo que estábamos tratando de cobrar la habitación que acababa de agendar y la esposa no tenía idea de esto. Él estaba en la habitación con otra mujer. Fue bastante incómodo.

—Patricia, anfitriona de hotel, 26 años.

Huéspedes crueles que ven fantasmas

Llevo trabajando 35 años en este hotel y hasta el día de hoy no hay nada que me saque más de quicio que las pavadas de algunos huéspedes. Hay algunos que parecen brutos, no saben encender o apagar un simple aire acondicionado y eso me daña el día. Una vez tuve que subir a destaparle una cerveza a un huésped en el piso siete y los ascensores estaban dañados. Los que vienen al hotel a comer o a usar la piscina y te hacen una pregunta inútil tras otra también están en mi lista negra.

Los que usan drogas recreativas no me caen bien. Recuerdo la vez que una pareja argentina bajó asustada debido a que había visto dos fantasmas en el piso tres a las cuatro de la mañana. De su habitación salía un olor fuertísimo a marihuana y era obvio que estaban fuera de sus cabales.

—José, botones, 52 años.

Jeringas, sangre, vómito y marihuana

Uno piensa que mientras mejor vestido o más importante sea el cargo del huésped, más limpia la habitación. Eso es un mito. Una vez me tocó limpiar la habitación de un ejecutivo de una petrolera y estaba llena de jeringas, sangre, vómito, discos de música y bolsitas negras de marihuana. Lo peor es que esta persona estaba sola, no tuvo acompañante en toda la noche.

Nunca me ha gustado atender a los deportistas famosos; son unos degenerados y algunos pagan una habitación en un piso distinto para la amante y en la de ellos los acompaña la esposa. Hubo uno que me pidió que lo acompañara a su habitación, y a una compañera de trabajo le pidió el número de teléfono. Todos son infieles.

Recuerdo una vez que se hospedó una famosa cantante argentina de música para niños; además de ser una persona terrible que no atiende a sus fans, tuvo la habitación llena de marihuana con alcohol y música a todo volumen la noche entera.

—Marybeth, mucama, 48 años.

Nunca faltan las infidelidades

Dependiendo de si el cliente me cae bien o mal, le doy mejor habitación. No trate mal a los recepcionistas del hotel; nosotros vemos en nuestro computador la cantidad disponible de habitaciones o las más cómodas y podemos alojarlo en la que usted desee si nos trata bien. Nunca está de más una propina o una buena conversación, a veces me ha tocado que coqueteo con los huéspedes que me parecen atractivos y si me responden positivamente, les doy la mejor habitación disponible.

También está el otro lado. Hace meses un hombre muy prepotente me trató terrible y me criticó porque estaba tardando mucho en seleccionar su habitación y que él estaba muy cansado de un viaje por avión de doce horas. Le cancelé la reserva sin que se diera cuenta y le dije que estábamos llenos. El tipo tuvo que irse con mucho equipaje a las tres de la mañana a buscar un hotel nuevo.

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Nunca faltan las infidelidades: la esposa de un militar lo persiguió sin que se diera cuenta y se hospedó en una habitación en el mismo piso que la de él. Tocó la puerta haciéndose pasar por limpieza y lo encontró en la habitación. Tuvieron que separarlos las mucamas.

—Marcos, recepcionista, 27 años.

Fuente: Vice

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