El actor neozelandés falleció en Sídney a los 78 años. Su familia confirmó que la pérdida fue inesperada y que se encontraba libre de cáncer tras haber superado un linfoma raro. Su legado en el cine y la televisión lo convirtió en una figura irreemplazable.
El mundo del espectáculo se viste de luto tras la muerte de Sam Neill, reconocido internacionalmente por su papel como el Dr. Alan Grant en Jurassic Park. El intérprete falleció este 13 de julio en Australia, a los 78 años, según informó su entorno más cercano. La noticia generó conmoción en la industria y entre los fanáticos que lo siguieron durante más de cinco décadas de carrera.
Neill había atravesado en 2022 un diagnóstico complejo: linfoma angioinmunoblástico de células T, un tipo poco frecuente de cáncer de sangre. Tras someterse a quimioterapia y a una innovadora terapia CAR-T, en abril de 2026 anunció que estaba libre de la enfermedad. Esa recuperación fue celebrada como un triunfo personal y profesional, ya que le permitió continuar con proyectos y entrevistas en las que se mostró con su característico humor y resiliencia. Sin embargo, la causa de su muerte aún no fue confirmada oficialmente.
Su nombre quedó grabado en la memoria colectiva gracias a Jurassic Park, donde interpretó al paleontólogo Alan Grant en 1993. El éxito mundial de la película lo convirtió en un ícono y lo llevó a repetir el papel en Jurassic Park III y en Jurassic World: Dominion. Pero su versatilidad lo llevó mucho más allá de los dinosaurios: fue protagonista de The Piano, dirigida por Jane Campion, y participó en títulos como The Hunt for Red October, Event Horizon y Hunt for the Wilderpeople. En televisión también dejó huella con su papel en Peaky Blinders, donde encarnó al inspector Chester Campbell.
A lo largo de su carrera acumuló más de 150 créditos en cine y televisión, además de reconocimientos como el AACTA Award, la distinción como Oficial de la Orden del Imperio Británico y el nombramiento como Knight Companion of the New Zealand Order of Merit en 2022. Su talento fue celebrado tanto en producciones de Hollywood como en el cine independiente, donde supo aportar profundidad y carisma a personajes muy distintos.
Nacido en Omagh, Irlanda del Norte, en 1947, Neill se trasladó con su familia a Nueva Zelanda en 1954. Allí comenzó una vida que combinó la actuación con la pasión por la tierra: fue dueño de la bodega Two Paddocks, en Otago, y siempre se mostró orgulloso de sus raíces. Padre de cuatro hijos y abuelo de ocho nietos, mantuvo una vida personal discreta, alejada del ruido mediático.
La noticia de su muerte generó mensajes de despedida en todo el mundo. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, destacó que “Sam Neill protagonizó tantas historias queridas y se ganó un lugar especial en los corazones australianos”. Colegas y fanáticos coincidieron en subrayar su versatilidad, su humanidad y la capacidad de reinventarse en cada papel.
El legado de Sam Neill trasciende la pantalla: representa la figura de un actor que supo combinar éxito comercial con prestigio artístico, y que dejó una marca indeleble en la cultura popular. Su partida abre un vacío difícil de llenar, pero sus películas seguirán siendo testimonio de un talento que se mantuvo vigente hasta el final.