¡Fin de semana para ir más allá y ajustar las expectativas!
Por Ivonne Hurtado, Astróloga. www.ivonnehurtado.com
Ser realista, pesimista o positivo no es una forma coloquial de referirse a un estilo de arte, es la forma común que tenemos para definir nuestros juicios frente a la realidad, sin embargo más que definir nuestros juicios solemos creer que nos definen a nosotros mismos.
Es por esos que usualmente decimos “esa persona es pesimista” o “estoy tratando de ser realista”.
Cualquiera de las tres opciones es poco productiva, porque son simplismos extremos de una situación y provocan que en vez de ampliar la mirada y la comprensión nos cerremos a una posición emocional respecto a una situación sin evaluar las condiciones que la originaron, las partes y las expectativas de cada uno de los involucrados.
Ver esta publicación en Instagram
No es buena idea resumir una decisión o una situación con este simplismo tan común de ser realista o pesimista o positivo. Por ejemplo: solemos decir que evaluar o considerar los hechos sin inferencias emocionales es ser realista y racional, cosa que para el ser humano es bastante complejo, ya que todas las interpretaciones que hacemos de la realidad están sujetas a nuestras percepciones no solo físicas sino también mentales y emocionales.
No somos máquinas por lo cual no es imposible percibir la realidad sin deformarla según nuestros filtros. Por otro lado cuando decimos “pesimista” estamos haciendo alusión a un conjunto de expectativas que comparadas con otras son consideradas como el peor escenario; es decir, estamos hablando deseos esperados y probabilidades de ocurrencia en función de algún patrón de análisis que hemos definido previamente de forma invisible.
Esperar lo peor de algo para no sufrir una decepción es lo que llamamos ser pesimista, el asunto es que, desde un punto de vista esotérico el cuerpo emocional no tiene tiempo cronológico por lo cual vive la decepción desde el primer momento. Y ser positivo es “pensar bien”, mentalizarnos hacia lo que deseamos que ocurra, cosa que también es prácticamente imposible porque gran parte de nuestro funcionamiento está ligado a la sobrevivencia y estamos preparados naturalmente para recordar lo que nos daña, es un mecanismo de sobrevivencia.
¿Entonces? La forma de salir de esta tríada inservible es comprender que las situaciones suelen ser mucho más complejas y requieren un análisis más detallado que un simple posición mental o emocional frente al evento. Necesitamos observar la situación la percepción de los hechos desde mi mirada y si es posible averiguar como el otro ve lo sucedido, reconocer las condiciones o requisitos del contexto que rodea el momento y por supuesto reconocer mis expectativas. Recién después de esa apertura a la totalidad de la situación somos capaces de ajustar nuestras expectativas e ir más allá de un simple realismo, pesimismo o positivismo.