Ivonne Hurtado reflexiona sobre este tema bajo una mirada desde la astrología y los signos.
Una de las principales preocupaciones humanas es el amor, y no solo es un cliché juvenil. Recientemente en una encuesta realizada a mis lectores, entre los cuales el 60% de ellos tiene más de cuarenta años, el 88% señaló que uno de sus mayores deseos es tener un amor correspondido y una relación de pareja a largo plazo.
¿El deseo de “enamorados y juntos para siempre” será parte de la condición humana o es un mandato social aspiracional?. Cualquiera sea la respuesta, ya sea una condición psicobiológica o sociocultural, estar en pareja habitualmente suele ser muy lejano al “enamorados y juntos para siempre”.
Para gracia nuestra, existen ideas distintas y desde la astrología les puedo compartir varias de ellas. Lo primero y principal tiene que ver con las etapas de un amor, solemos pensar que el enamoramiento es una etapa y luego se va, esta idea es apoyada principalmente por la psicología y en parte la neuroquímica cerebral que se asocia a las primeras etapas de encuentro entre dos personas. Desde esta mirada se indica que el enamoramiento debe pasar y luego se transforma en cariño o amor maduro. Para la astrología las etapas pueden ser integrativas, no se pierden, ni se acaban, son áreas distintas y pasar a un amor maduro no implica perder la atracción y el romance.
Los pueblos antiguos decían “Cupido une, el después es voluntad de los hombres”, se referían a que a veces el destino hace lo suyo y entrecruza nuestra vida con otros, el mantenerlas unidas depende de nuestra elecciones. El gran problema es que a veces somos ciegos a lo que elegimos y otras veces elegimos lo que no queremos.
Pensar que es normal y esperable que el romance se acabe porque cambia la química del cerebro y lo mata la rutina puede ser una verdad o no, pero sin duda alguna esta sentencia es un condicionamiento. Lo que pensamos condiciona nuestra forma de ver el mundo y determina nuestros actos. Si estamos enamorados y formamos pareja estaremos esperando el momento en donde el otro me comience a molestar.
Más allá de creer una verdad biológica, psicológica o astrológica lo distinto sería atrevernos a experimentar. Poner en práctica el desafío de conocer lo que nos erotiza, nos entretiene, nos excita, porque uno va cambiando y siempre cambia la relación. Esto comienza con un ejercicio simple: evaluar qué porcentaje de mi energía la dedico al romance, si mi atención y energía está puesta 80% en el trabajo y 19% en mi familia, por supuesto que el romance y la pareja morirá.
Pensamiento mágico no es creer en el destino, pensamiento mágico es esperar tener un amor correspondido y una relación de pareja a largo plazo sin dedicar nada de nuestro tiempo a ella.