La enóloga Susana Balbo y su hija Ana Lovaglio Balbo repasaron en el programa Historias con Marca cómo construyeron una marca global del vino argentino, los desafíos de vender en el mundo, el crecimiento del enoturismo y los proyectos que proyectan para Mendoza y el Valle de Uco.
En un nuevo episodio del programa Historias con Marca, que se emite por El Nueve Streams y conduce Elena Alonso, la reconocida enóloga Susana Balbo y su hija Ana Lovaglio Balbo repasaron el camino recorrido por la bodega familiar, los desafíos del mercado internacional del vino y los proyectos que imaginan para el futuro.
Durante la entrevista, madre e hija compartieron experiencias personales, aprendizajes empresariales y la evolución de una compañía que logró posicionarse en decenas de mercados del mundo, combinando vino, turismo y hospitalidad.
El desafío de vender el vino argentino al mundo
Balbo recordó que uno de los primeros obstáculos que encontró al crear su marca fue la falta de reconocimiento internacional de Argentina como categoría vitivinícola.
“Cuando empecé a vender vino me di cuenta de que Argentina no existía como categoría en el mundo. Había que trabajar mucho para posicionar al país”, explicó.
Ese diagnóstico la llevó a involucrarse en la promoción internacional del vino argentino y a recorrer ferias y mercados. Según contó, la experiencia le enseñó que producir un buen vino no es suficiente.
“En las ferias nadie viene a tocarte la puerta para comprarte. Tenés que salir a venderlo y elegir el vecindario en el que querés vivir: los vinos caros tienen uno, los económicos otro”, señaló.
Para la enóloga, el éxito en la industria requiere equilibrar el mercado interno con las exportaciones y comprender qué estilos de vino buscan los consumidores.
De la enología al negocio
Balbo explicó que su perfil comercial no surgió de una formación específica sino de una combinación de intuición, creatividad y experiencia.
“Tuve padres muy buenos comerciantes y heredé esa creatividad. Pensar fuera de la caja muchas veces es lo que te permite encontrar soluciones”, afirmó.
Tras años trabajando para otras compañías, fundó su propia empresa cuando tenía más de 40 años. Esa experiencia previa le permitió comprender que el gusto personal del enólogo no siempre coincide con el del consumidor.
“Aprendí a investigar estilos. Cuando viajaba y probaba vinos exitosos sabía cómo replicar ese estilo con el carácter de Argentina”, detalló.
El camino de la nueva generación
Por su parte, Ana Lovaglio Balbo contó que su acercamiento al negocio familiar fue gradual. De adolescente, incluso, sentía cierto rechazo hacia la empresa porque implicaba muchas horas de trabajo para su madre.
Con el tiempo, comenzó a utilizar la bodega como caso de estudio durante su carrera de Administración de Empresas y luego trabajó en el área financiera antes de incorporarse al proyecto familiar.
“Esos años en finanzas hoy me sirven todos los días para evaluar negocios y proyectos”, explicó.
Desde 2012 lidera las áreas de marketing y comunicación de la compañía. También impulsó nuevos proyectos dentro del grupo, especialmente vinculados al turismo.
“Empecé con pequeños emprendimientos dentro de la empresa: un restaurante, después otro, el área de turismo y luego el hotel. Hoy esa unidad ya es una parte muy significativa del negocio”, indicó.
La apuesta por el enoturismo
La diversificación fue una decisión estratégica. Mientras la bodega avanzaba hacia vinos de mayor calidad y precio, la familia apostó por ampliar la experiencia del visitante.
Según explicó Susana Balbo, el restaurante de la bodega recibe más de 30.000 personas al año y se convirtió en una marca reconocida internacionalmente. Ese crecimiento impulsó la construcción de un hotel de alta gama.
“Siempre buscamos diferenciarnos y ofrecer algo que no exista”, señaló.
La obra se realizó en plena pandemia, un momento que describieron como complejo por la incertidumbre y los problemas logísticos.
“Pero sabíamos que después de estar tanto tiempo encerrada la gente iba a querer salir y disfrutar de la naturaleza”, recordó la empresaria.
Nuevos proyectos en el Valle de Uco
El próximo paso será expandir el proyecto hotelero con un segundo establecimiento en el Valle de Uco, una iniciativa que requerirá inversión y la búsqueda de nuevos socios.
Lovaglio Balbo explicó que el plan incluye también un programa educativo para formar trabajadores de la zona en hotelería y turismo.
“La idea es generar empleo local y preparar a las personas que después van a trabajar en bodegas y hoteles”, indicó.
Para la empresaria, el crecimiento de una compañía debe ir acompañado por el desarrollo de la comunidad donde está inserta.
“Si la empresa crece pero la comunidad no, el proyecto fracasa”, sostuvo.
Mendoza como marca internacional
Ambas coincidieron en que Mendoza logró consolidarse como un destino reconocido a nivel global, especialmente en el mundo del vino.
“Mendoza ya es una marca dentro del país”, afirmó Susana Balbo, quien destacó el impacto internacional de la gastronomía y el turismo enológico.
Sin embargo, también advirtió que la provincia necesita mejorar su infraestructura para acompañar ese crecimiento.
“Hay lugares a los que todavía llegás por ocho kilómetros de camino de tierra. La infraestructura es clave para competir con otros destinos”, remarcó.
Un negocio familiar con visión de largo plazo
La conversación también dejó ver la dinámica familiar detrás de la empresa. Madre e hija destacaron que nunca sintieron competencia entre ellas y que el trabajo conjunto fortaleció el proyecto.
“Tenemos estilos distintos pero la visión de la marca es la misma”, explicó Ana.
Para Susana Balbo, ver a sus hijos involucrados en la empresa es uno de los mayores logros de su carrera.
“Es una bendición sentir que respetan el legado y que trabajamos juntos con amor”, expresó.
Con presencia en 46 mercados y nuevos proyectos en marcha, la familia Balbo continúa apostando al crecimiento de su marca combinando vino, turismo y experiencias, siempre con una mirada estratégica de largo plazo.