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Un poco de historia

¿De dónde provienen las palabras “boludo” y “pelotudo”?

Te contamos el curioso origen de dos términos que son muy populares en nuestro modo de hablar.

Por Redacción ElNueve.com
5 de septiembre de 2017 | 11:21

Durante las Guerras de la Independencia, los gauchos argentinos peleaban contra un ejército de lo que en aquella época era el primer mundo. Una maquinaria de guerra con disciplina de las mejores academias militares, armas de fuego, artillería, corazas, caballería y el mejor acero toledano.

Los gauchos vestidos con calzoncillo cribado y botas de potro con los dedos al aire, sólo tenían para oponerles pelotas, piedras grandes con un surco por donde ataban un tiento, bolas (las boleadoras) y facones, que algunos amarraban a una caña tacuara y hacían una lanza precaria. Pocos tenían armas de fuego: algún trabuco naranjero o arma larga desactualizada.

Entonces, tuvieron que desarrollar una particular técnica para oponerse a dicha maquinaria bélica, que consistía en formar tres filas: la primera era la de los pelotudos, que portaban las pelotas de piedra grande amarradas con un tiento; la segunda era la de los lanceros, facón y tacuara; y la tercera, la integraban los boludos con sus boleadoras o bolas.

Cuando los españoles cargaban con su caballería, los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía, los esperaban a pie firme y les pegaban a los caballos en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás. Los lanceros aprovechaban esta circunstancia y pinchaban a los caídos.

Luego, en 1890 un diputado nacional aludiendo a lo que hoy llamaríamos “perejiles”, dijo que no había que ser pelotudo en referencia a que no había que ir al frente y hacerse matar.

Fue algo así como decir “no hay que ser estúpido”. Esta fue la segunda acepción que se le dio al término: 1º aguerrido 2º estúpido o similar. Con el tiempo se sumó a esta última clasificación la palabra boludo y el imaginario popular lo fue incorporando como al que los genitales grandes le impedían moverse con facilidad.

Luego se transformó en un insulto grave, de tal manera que íbamos a las manos si alguien nos lo decía, así nos fuimos olvidando del verdadero origen de la palabra.

En las dos últimas décadas, reemplazando a otros modismos del dialecto cotidiano argentino, (como el ¿“viste”? ó “a ver” …), los jóvenes intercalan cada dos o tres palabras un boludo, a veces por nada, a veces por respuesta, a veces en vez de decir “querido”, es decir que es un término de uso múltiple que no tiene el sentido original y que, en realidad, no sabemos por qué lo decimos.

Fuente: Buenavibra.es

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