En los últimos meses, las redes sociales han dado visibilidad a una comunidad que genera tanta curiosidad como desconcierto: los Therians. Se trata de personas que se identifican, de manera espiritual o psicológica, con animales no humanos.
Aunque para muchos puede parecer una moda pasajera impulsada por algoritmos, para quienes lo viven representa una forma profunda de entender su lugar en el mundo. Explorar qué significa realmente ser un Therian, distinguir entre identidad y juego, y comprender el rol de la psicología en este proceso es fundamental para abordar esta tendencia con empatía y criterio.
“El término Therian (abreviatura de therianthrope) proviene del griego thēríon, que significa “animal salvaje”, y ánthrōpos, “humano”. A diferencia de los furries (que disfrutan de la estética de animales antropomórficos como un hobby) o de los seguidores del quadrobics (el deporte de correr en cuatro patas), un Therian manifiesta una conexión intrínseca: siente que, en algún nivel de su ser, su esencia es la de un animal específico, conocido como theriotipo”, definió Jorge Domínguez, psicólogo.
-¿Qué significa percibirse como Therian?
“Para una persona que se identifica bajo esta etiqueta, la experiencia va más allá de un simple gusto por la naturaleza. Muchos describen cambios mentales (mental shifts) en los que sus instintos se alinean con los de su animal (por ejemplo, un lobo, un gato o un ave). No suelen creer que son físicamente animales —entienden su realidad biológica humana—, pero experimentan una disonancia entre su cuerpo y su identidad interna”.
-¿Cómo se manifiesta esta percepción?
Esta percepción puede manifestarse a través de:
-Sensaciones fantasmales: Sentir la presencia de miembros que no tienen, como una cola o alas.
-Comportamientos instintivos: Necesidad de aullar, gruñir, saltar o buscar refugio en espacios pequeños.
-Conexión espiritual: La creencia de que poseen el alma de un animal o que en una vida pasada lo fueron.
Causas: ¿Moda, neurodivergencia o refugio?
La psicología contemporánea analiza este fenómeno desde diversos ángulos. Si bien Internet ha facilitado la creación de comunidades y la difusión de la estética (máscaras, colas, guantes), las causas subyacentes pueden ser variadas:
-Exploración de la identidad: Durante la adolescencia, es común buscar etiquetas que brinden un sentido de unicidad.
-Necesidad de pertenencia: En un mundo digitalizado, formar parte de un grupo con lenguajes y códigos propios (como los Therians) alivia el sentimiento de soledad.
-Mecanismo de regulación: Para personas neurodivergentes (como aquellas dentro del espectro autista), imitar comportamientos animales puede ser una forma de gestionar el estrés sensorial o social.
-Escapismo: El mundo animal se percibe como más simple, honesto y libre de las presiones de la vida humana moderna.
Consejos para el entorno y la persona
“Es crucial distinguir entre una exploración de identidad saludable y un comportamiento que pueda derivar en un aislamiento problemático.
- Para los padres: No entrar en pánico. La mayoría de los adolescentes que exploran estas identidades lo hacen como parte de un proceso creativo y social. El diálogo abierto y sin juicios es el mejor puente. Prohibir la estética suele radicalizar la postura.
- Establecer límites de realidad: Es importante reforzar que, aunque la identidad interna sea animal, existen responsabilidades humanas (escuela, higiene, normas sociales) que deben cumplirse.
- Validación sin patologización: Sentirse diferente no es una enfermedad. Sin embargo, si la identificación con el animal surge a raíz de un trauma o impide la socialización con pares humanos, es recomendable acudir a terapia para explorar qué vacío está intentando llenar esa identidad.
- Fomento de actividades diversas: Alentar otros intereses que conecten a la persona con el mundo real (deportes, artes, voluntariado con animales reales) ayuda a equilibrar la balanza.
La búsqueda de la propia naturaleza
Ser un Therian hoy es, en muchos casos, un grito de autenticidad en una sociedad que a menudo se siente artificial. Más allá de las máscaras de felpa y los videos de saltos en el jardín, subyace una pregunta humana universal: “¿Quién soy realmente?”.
“Mientras esta exploración no dañe al individuo ni a terceros, puede ser vista como una etapa de autodescubrimiento. El desafío para la psicología y la sociedad es acompañar estos procesos con curiosidad científica y respeto, recordando que la identidad es, ante todo, un camino personal”, concluyó Domínguez.