En una velada donde la música de orquesta se fundió con los susurros de la historia, Ricky Sarkany presentó su autobiografía “Memorias de un zapatero. Una parte de mí”. Rodeado de afectos, figuras de la cultura y la política, el diseñador no solo lanzó un libro, sino que abrió una ventana a su herencia familiar marcada por el exilio y el Holocausto.
La majestuosidad del Ateneo Grand Splendid sirvió como el escenario perfecto para una presentación que rompió con los moldes protocolares. La noche del 24 de febrero, entre las estanterías de libros y la cúpula iluminada de la librería, Ricky Sarkany dejó de lado por un momento los bocetos de moda, para presentar su obra más personal: un recorrido literario por sus raíces y su ascenso como ícono del diseño argentino: su libro “Memorias de un zapatero. Una parte de mí”.
En una velada donde la música de orquesta se fundió con los susurros de la historia, Ricky Sarkany presentó su autobiografía y fue casi como una celebración de la vida entendida como una sucesión de instantes significativos, donde el oficio artesanal y el amor por los suyos se entrelazaron en un homenaje que alcanzó su punto más sensible al recordar el legado de su hija Sofía.
Del cuero a la palabra: El desafío de narrarse
Con la humildad y el humor que lo caracterizan, Sarkany confesó ante su auditorio que la escritura fue un territorio desconocido y desafiante. “Prefería hacer un zapato”, bromeó al inicio de su discurso, admitiendo que abrir el corazón en papel resultó ser una tarea mucho más compleja que transformar una pieza de cuero en un objeto de deseo.
Sin embargo, el libro cumple una función vital: conectar al lector con el mundo de afectos y experiencias que forjaron su identidad. A través de anécdotas espontáneas, el autor insistió en que su éxito no es individual, sino el resultado de los vínculos que lo sostuvieron en cada etapa del camino.
La herencia de la resiliencia
El núcleo de la autobiografía —y el momento más solemne de su relato— se encuentra en la historia de sus padres. Sarkany recordó conmovido el exilio durante la Segunda Guerra Mundial y el trauma del Holocausto que marcó a su madre. “Ella no sabía si de la ducha iba a salir agua o gas, y superó eso”, relató, subrayando la fuerza inquebrantable de una familia que encontró en el trabajo artesanal una forma de reconstrucción.
Para el diseñador, ser zapatero es mucho más que una profesión; es un arte heredado que permite transformar materiales inertes en emociones. Ese valor agregado, el “toque artesanal”, es lo que ha definido a la marca Sarkany a lo largo de las décadas, convirtiendo cada par de zapatos en un testimonio de creatividad y esfuerzo manual.
Momentos que definen una vida
Uno de los pilares de su intervención fue su particular visión del tiempo. “La vida se mide en momentos, no en minutos ni en días”, destacó Sarkany, una frase que resonó con fuerza entre los presentes. El libro recorre desde diagnósticos médicos inesperados hasta la alegría de los logros compartidos con socios y amigos, reafirmando que los recuerdos son la única moneda con valor real.
El momento de mayor recogimiento llegó con el tributo a su hija Sofía Sarkany. Con palabras cargadas de ternura, el diseñador recordó su sonrisa y su presencia eterna en la familia, a pesar de la imposibilidad del abrazo físico. Fue un recordatorio de su premisa central: “Los hijos nos dan las razones para vivir”.
Una gala de amistad y diseño
El evento contó con una participación activa de los invitados, quienes no solo escucharon el relato, sino que intervinieron el espacio con dedicatorias y mensajes de cariño en un libro especial. Entre la concurrencia se encontraban figuras de diversos ámbitos, como el Jefe de Gobierno porteño Jorge Macri junto a María Belén Ludueña, la conductora Mariana Fabbiani, el abogado Fernando Burlando y destacados referentes de la moda argentina.
Un mensaje para el futuro
“Memorias de un zapatero” no es solo el cierre de una etapa, sino una invitación a valorar el presente y honrar el pasado. Ricky Sarkany logró, en una noche mágica, demostrar que detrás de cada par de zapatos hay una historia de supervivencia, amor y artesanía. Al final de la velada, quedó claro que, para el zapatero más famoso del país, la mejor creación no es una prenda, sino la huella que dejamos en los demás.