Lo que para muchos es un espectáculo visual y sonoro de celebración, para el oído humano y animal, representa una agresión física de alta intensidad. Las detonaciones de fuegos artificiales generan niveles de presión sonora que superan ampliamente los límites de seguridad. Lo que tenés que saber en esta nota.
Las Fiestas de fin de año suelen estar acompañadas por el estallido de cohetes y petardos. Sin embargo, detrás de la tradición se esconde una amenaza real para la salud pública: la contaminación acústica extrema. A diferencia de otros ruidos urbanos, las explosiones de la pirotecnia poseen características físicas que las vuelven particularmente nocivas para las delicadas estructuras del oído interno.
La física del daño: el ruido impulsivo
“Para entender por qué un petardo es más peligroso que un concierto de rock, es necesario distinguir entre los tipos de ruido. La pirotecnia genera lo que se denomina ruido impulsivo. Se trata de un sonido de altísima intensidad que se produce de manera súbita y en un intervalo de tiempo extremadamente breve. El oído humano posee mecanismos de defensa naturales, como el reflejo estapedial (una contracción muscular que protege el oído interno), pero estos requieren un tiempo de reacción”, explica la Licenciada en fonoaudiología Agustina Leiro.
-¿Qué sucede con la música alta?
“En el caso de la música alta en un recital, el sonido es continuo, lo que permite que el cuerpo active sus defensas. Con los fuegos artificiales, el pico de presión es tan abrupto y veloz que el oído no llega a protegerse a tiempo. La energía del impacto golpea directamente las células ciliadas, encargadas de transmitir el sonido al cerebro, pudiendo destruirlas en un instante”
La escala del riesgo
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece parámetros claros sobre la exposición sonora. Mientras que los sonidos por debajo de los 80 decibeles (dB) se consideran seguros para exposiciones prolongadas, el riesgo aumenta exponencialmente a medida que sube la intensidad.
Muchos de los artículos pirotécnicos utilizados en celebraciones pueden alcanzar, e incluso superar, los 140 o 150 decibeles en el punto de explosión. Para ponerlo en perspectiva:
- Una conversación normal ronda los 60 dB.
- El tráfico pesado llega a los 85 dB.
- Un despegue de avión se sitúa en los 120 dB.
- Un petardo puede superar los 145 dB.
A estos niveles, el daño no es solo acumulativo, sino que puede ser inmediato. Una sola exposición a corta distancia puede provocar un “trauma acústico”.
Síntomas de alerta y consecuencias
“Tras una detonación cercana, es común experimentar señales que indican que el oído ha sufrido una agresión. Algunas de ellas pueden manifestarse en:
-Tinnitus o acúfenos: Es ese zumbido o pitido persistente que aparece tras el estruendo. Si bien a veces desaparece, en muchos casos se vuelve crónico.
-Hipoacusia: Una sensación de oído tapado o pérdida de nitidez para entender las palabras.
-Vértigo o inestabilidad: Dado que el oído también regula el equilibrio, una explosión fuerte puede afectar este sistema.”
Cómo protegernos durante las Fiestas
La medida de prevención más efectiva es, sin duda, la elección de pirotecnia fría o de bajo impacto sonoro, una tendencia que crece globalmente por respeto a las personas con hipersensibilidad auditiva y a los animales. No obstante, si te encuentras en un entorno donde se utiliza pirotecnia tradicional, sigue estos consejos:
- Mantener la distancia: El daño disminuye a medida que nos alejamos de la fuente del ruido. Nunca permanezcas cerca del lugar de lanzamiento.
- Protección física: El uso de tapones endoaurales o protectores de copa (especialmente en niños, cuyos conductos auditivos son más sensibles) puede reducir el impacto significativamente.
- No usar algodón: Es un error común. El algodón no bloquea las frecuencias dañinas y puede dar una falsa sensación de seguridad.
“Ser conscientes del daño que se le puede ocasionar al oído humano, a los chicos con diversos trastornos, y a los animales, implica sumarnos a decir no a la pirotecnia. Elegir una celebración silenciosa no solo es un acto de empatía hacia los demás, sino una inversión directa en nuestra propia salud a largo plazo”, concluyó la profesional.
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