El calor invita a chapuzones constantes en piletas, mares y lagunas, pero la humedad acumulada puede convertirse en el caldo de cultivo ideal para las bacterias. Te contamos cómo proteger tu audición, para que las vacaciones no terminen en una consulta médica.
Con la llegada de las altas temperaturas, las consultas por dolores de oído se disparan. Se estima que durante el verano los casos de otitis externa aumentan hasta un 80%, afectando principalmente a niños, pero también a adultos que pasan tiempo prolongado en el agua. Lo que comienza como una molestia leve o una sensación de “oído tapado” puede derivar rápidamente en un dolor punzante que impide el descanso y arruina los días de descanso.
Otitis: ¿Por qué nos ataca en verano?
“La otitis es, en términos generales, la inflamación de alguna parte del oído. Sin embargo, la estrella de la temporada veraniega es la otitis externa, popularmente conocida como ‘otitis de pileta'”, cuenta el otorrinolaringólogo Fabricio Ianardi.
-¿Qué diferencia hay con otras?
A diferencia de la otitis media (que suele ocurrir en invierno asociada a resfríos y mocos), la otitis de verano afecta al conducto auditivo externo, que es el canal que va desde el pabellón de la oreja hasta el tímpano.
-¿Qué la causa?
El factor determinante es la humedad. El conducto auditivo tiene una protección natural: el cerumen y un pH ligeramente ácido que impide el crecimiento de bacterias y hongos. Cuando pasamos mucho tiempo bajo el agua:
-Maceración de la piel: El agua ablanda la piel del conducto, debilitando su barrera protectora.
-Alteración del pH: El agua de las piletas (con cloro) o del mar modifica la acidez natural del oído, permitiendo que microorganismos como la Pseudomona aeruginosa o diversos hongos proliferen.
-Microlesiones: Al intentar sacar el agua con los dedos o toallas, podemos generar pequeñas heridas por donde entran las bacterias.
Claves para un verano sin dolor
La prevención es mucho más sencilla que el tratamiento (que suele requerir gotas antibióticas y analgésicos). Entre las mejores estrategias podemos enumerar:
El secado: No basta con sacudirse la cabeza. Al salir del agua, es vital inclinar la cabeza hacia ambos lados para que el agua salga por gravedad. Podés usar la punta de una toalla limpia para secar la parte externa, pero jamás introduzcas nada dentro del conducto. Un truco efectivo para quienes son propensos es usar un secador de pelo en la temperatura más baja y a una distancia prudente para evaporar la humedad remanente.
Evitá el uso de hisopos: Este es el consejo médico más importante y el que más se ignora. Los hisopos no limpian; empujan la cera hacia el fondo, creando un tapón que retiene más agua y humedad. Además, pueden causar microtraumatismos que facilitan la infección. El oído es un órgano que se limpia solo.
Tapones y gorros de natación: Si sos propenso a las infecciones o tenés antecedentes de perforación timpánica, el uso de tapones de silicona a medida es la mejor inversión. Los gorros de natación también ayudan a reducir la cantidad de agua que ingresa, aunque no son infalibles.
Controlá el estado del agua: No todas las aguas son iguales. Las piletas con un mantenimiento deficiente o las lagunas de agua estancada tienen una carga bacteriana mucho mayor. Si el agua no se ve clara o no tiene un olor adecuado, es mejor evitar la inmersión de la cabeza.
Preparación previa (gotas preventivas): Algunos médicos recomiendan el uso de gotas de alcohol boricado o vinagre de alcohol diluido después de la pileta para ayudar a evaporar el agua y acidificar el medio. Sin embargo, esto nunca debe hacerse sin consultar previamente a un otorrinolaringólogo, ya que si hay una perforación en el tímpano, estas gotas podrían causar un daño grave.
-¿Cuándo consultar al médico?
“Si empezás a sentir picazón intensa, dolor al tocarte la oreja o al masticar, o si notas secreción de líquido, es momento de acudir a un profesional. La otitis externa suele ser muy dolorosa y, si no se trata a tiempo, la inflamación puede cerrarte el conducto auditivo por completo. Cuidar tus oídos te permite seguir disfrutando del verano. Recordá que la clave no es dejar de nadar, sino asegurarte de que, al salir del agua, tus oídos queden tan secos como el resto de tu cuerpo” aconsejó el profesional.
El especialista estuvo en Cada Día, mirá la nota