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Milagro de Los Andes: Zerbino cuenta que recién 40 años después pudo hacer el duelo por sus compañeros

Milagro de Los Andes: Zerbino cuenta que recién 40 años después pudo hacer el duelo por sus compañeros

Uno de los 16 sobrevivientes de la Tragedia de Los Andes contó en exclusiva a Cada Día cuál fue el hecho puntual que le permitió hacer el duelo por todos los fallecidos en la Cordillera.

El 13 de octubre de 1972 marcó un antes y un después en la historia de la aviación y de la supervivencia. Un avión que trasladaba a 40 pasajeros y 5 miembros de la tripulación se estrelló en el Valle de las Lágrimas, en Malargüe. De las 45 personas que iban a bordo del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya solo sobrevivieron 16. 

Gustavo Zerbino, uno de los que sobrevivió, habló con Cada Día y contó cómo fue estar 73 días y 73 noches entre la vida y la muerte. Y que fue, dentro de todas las dificultades que vivieron, lo más duro a lo que se tuvieron que enfrentar. 

Yo digo que la vida es un milagro y la muerte es un misterio, en el medio está lo que venimos a hacer, a aprender, a distinguir lo esencial de lo secundario, disfrutar y ser felices”, dijo.

 

Este director extraordinario, Juan Antonio Bayona, logró que las personas puedan Vivir la caída del avión, puedan sentir la avalancha y puedan entender por primera vez la dimensión real de algo parecido a lo que vivimos”, agregó. 

Respecto a lo que siente con la película, dijo: “Tengo una gran alegría y una gran satisfacción, aparte de la molestia personal, en este tsunami interior que no termina nunca porque somos la voz de los que no tienen voz. En esta película aparecen mis amigos que murieron, ves las fotos reales nuestras y esas fotos de repente se mueven y ellos caminan, entonces es muy fuerte“.

“Nosotros nunca nos imaginamos que el hombre era capaz de aguantar tanto y esto no ocurre en un momento cualquiera ocurre ahora, que vivimos hiperconectados al mundo virtual (…) los niños no se animan ni a invitar a un compañero, no soportan el rechazo, el contacto físico. Entonces, ver que el ser humano tiene esa potencialidad dormida, inimaginable hace que los chicos sientan que se han despertado, que los han estafado porque hay mucho más para vivir que ese mundo virtual en el que viven. Nosotros estábamos en contacto físico, para vivir había que golpearse, que abrazarse, teníamos un objetivo común que era sobrevivir“, reflexionó. 

Contó que durante 73 días y 73 noches lograron que no se muriera ni una sola persona de frío abrazándose.

Cuando los rescataron, Gustavo llevó consigo una maleta en la que tenía un recuerdo de cada uno de sus amigos fallecidos para entregarle a los familiares. “Yo el primer día me impuse la misión de traerle a cada familia algo para que puedan recordar y atravesar el duelo. Fui casa por casa a darles un testimonio de cómo habían vivido, cómo había muerto, la grandeza humana que tenía porque no podía dejar de contarles ese ser humano increíble que había sido“. 

Gustavo también contó que el momento en el que pudo hacer el duelo de todos los fallecidos en la montaña fue recién en 2015, cuando murió de cáncer Javier Methol, otro de los sobrevivientes del Milagro de los Andes. 

Era 1 de mayo de 2015, Gustavo no estaba en Uruguay y le avisaron que Javier se estaba muriendo. Hablaron por teléfono y Javier le dijo que quería morir a su lado, él pidió que lo espera hasta el 28 de ese mes, que volvía al país. 

Bajé del avión y fui derechito al hospital, estaba toda su familia, todos sus nietos, en una punta estaba Fernando Parrado y en la otra Roberto Canessa. Me dejaron solo y estuve una hora hablando con él, Javier se estaba muriendo y había escrito en un papel “No te quejes por lo que te falta, agradece lo que te queda, pero nunca, nunca, nunca dejes de luchar por lo que deseas”, contó Zerbino. 

Javier Methol: “No te quejes por lo que te falta, agradece lo que te queda, pero nunca, nunca, nunca dejes de luchar por lo que deseas”

 

Bajé del avión y fui derechito al hospital, estaba toda su familia, todos sus nietos, en una punta estaba Fernando Parrado y en la otra  Roberto Canessa. Me dejaron solo y estuve una hora hablando con él, Javier se estaba muriendo y había escrito en un papel “No te quejes por lo que te falta, agradece lo que te queda, pero nunca, nunca, nunca dejes de luchar por lo que deseas”.

 “Él se estaba muriendo y le decía a su nieto y familia este mensaje, que era lo mismo que hicimos en Los Andes, donde estaba prohibido quejarse, por eso vivíamos en un permanente estado de gracia”.

“Cuando murió Javier, recién ahí -nos dimos cuenta Canessa-, que hicimos el duelo de todos los otros que murieron. Antes no tuvimos tiempo de hacer el duelo porque no había tiempo para llorar, no había tiempo para sufrir, y no había tiempo para conectarse con el dolor porque si no era imposible soportar el presente”, cerró. 

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