La nueva I.A. que está a prueba para dar clases se llama Zoe, un sistema desarrollado por un emprendedor local, que debuta en una experiencia piloto en Santa Fe para complementar la enseñanza tradicional. ¿Puede una IA revolucionar el aula o enfrenta límites insuperables? La palabra profesional.
La educación en Argentina se prepara para un hito que resonará en toda la región. Hoy, 11 de agosto, el Colegio San José de Villa Cañás se convierte en el epicentro de una revolución pedagógica al dar la bienvenida a Zoe, la primera “profesora” de inteligencia artificial de Latinoamérica. Este no es un evento de ciencia ficción, sino el inicio de una experiencia piloto que busca entender el potencial de la tecnología para transformar el proceso de enseñanza y aprendizaje.
El cerebro detrás de esta iniciativa es un abogado argentino, cofundador de Humanversum Academy, una empresa dedicada a la innovación educativa. Zoe es un sistema avanzado diseñado para interactuar con estudiantes en tiempo real a través de videollamadas, correo electrónico y mensajería instantánea. Sus funciones van más allá de un simple chatbot: responde preguntas complejas, propone ejercicios personalizados y mantiene un seguimiento individual del progreso de cada estudiante. El objetivo es claro: ofrecer un apoyo constante y adaptado, liberando a los docentes de tareas repetitivas para que puedan enfocarse en la interacción humana, la motivación y el pensamiento crítico.
Ante la novedad, indefectiblemente los parámetros éticos-morales aparecen para plantear potencialidades de las herramientas de la I.A. pero también “límites”.
¿Puede una IA realmente dar clases?
Según precisó la psicopedagoga Karina Bergé “no hay dudas que las potencialidades de las I.A. deben aprovecharse al máximo con todo lo que ello implica. Ahora a la pregunta de si es capaz de reemplazar a un docente la respuesta es ‘no”, ya que lo específicamente humano del docente en sí mismo es irremplazable sin lugar a dudas. Cariño, amor, escucha, empatía en cada caso particular y pasión son literalmente únicos e irremplazables”.
Entre las ventajas que la profesional destacó están las siguientes:
-Educación a medida: La principal fortaleza de una IA como Zoe es su capacidad de ofrecer un aprendizaje 100% personalizado. Puede adaptar el ritmo, la dificultad y el tipo de ejercicios a las necesidades específicas de cada estudiante. Si un alumno tiene dificultades con un tema, la IA puede ofrecerle un refuerzo continuo hasta que lo domine.
-Disponibilidad 24/7: A diferencia de un profesor humano, una IA no necesita descansar. Puede estar disponible en cualquier momento para responder dudas, repasar conceptos o ayudar con la tarea, permitiendo a los estudiantes aprender a su propio ritmo y en el horario que les resulte más conveniente.
-Análisis de datos para mejorar la enseñanza: Un sistema de IA puede analizar el rendimiento de los alumnos de manera exhaustiva, identificando patrones y áreas de dificultad comunes. Esta información es una herramienta invaluable para los docentes, que pueden ajustar sus planes de estudio y estrategias pedagógicas para ser más efectivos.
-Reducción de la carga administrativa: Al asumir tareas repetitivas como la corrección de ejercicios o el seguimiento del progreso, la IA libera tiempo valioso para los profesores, permitiéndoles dedicarse a la mentoría, el desarrollo de proyectos y la conexión personal con los estudiantes.
Desafíos: los límites de la tecnología y la importancia de la humanidad
A pesar de sus promesas, la implementación de la IA en el aula no está exenta de riesgos y limitaciones. Los críticos argumentan que hay aspectos de la enseñanza que la tecnología simplemente no puede replicar. Algunas de las nombradas por la profesional son:
-Falta de empatía y conexión humana: La educación no se trata solo de transmitir datos. Un profesor es un mentor, un modelo a seguir y, en muchos casos, una fuente de apoyo emocional. La interacción humana, la capacidad de leer las emociones de un alumno y la construcción de lazos de confianza son insustituibles. La IA no puede inspirar, motivar o guiar a los estudiantes en su desarrollo personal.
-Riesgos éticos y sesgos algorítmicos: La IA se basa en algoritmos y datos, lo que la hace susceptible a sesgos inherentes a la información con la que fue entrenada. Esto podría llevar a una enseñanza parcial o a perpetuar estereotipos. Además, el manejo de datos de estudiantes plantea serias preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad.
-Creatividad y pensamiento crítico: Si bien la IA puede generar respuestas, carece de la capacidad de pensamiento original y de fomentar el razonamiento crítico en contextos complejos. Las habilidades esenciales como la colaboración, la resolución de problemas en equipo y la capacidad de debatir puntos de vista diferentes son difíciles de simular con la tecnología.
-La brecha digital: La implementación de estas tecnologías podría agravar la desigualdad educativa, ya que no todos los estudiantes tienen el mismo acceso a dispositivos, conectividad a Internet y recursos tecnológicos.
El futuro en el aula
La experiencia en Villa Cañás será crucial para entender cómo equilibrar estos dos mundos. El futuro de la educación probablemente no resida en la sustitución de los profesores por robots, sino en un modelo híbrido donde la tecnología actúe como una herramienta poderosa que complemente la labor insustituible del ser humano. “El desafío para Argentina y para el resto del mundo será encontrar ese punto de encuentro, aprovechando lo mejor de la IA sin perder la esencia de lo que significa enseñar y aprender”, destacó la profesional.
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