Maru Botana realizó una denuncia en la justicia contra una empresa constructora que utilizó su imagen por dos años e incumplió con el acuerdo de que a cambio debía levantar un edificio en Las Heras para una obra solidaria.
Maru Botana, la reconocida cocinera de la televisión, denunció a una empresa constructora por una estafa que sucedió en Mendoza, por una suma cercana a los 60 millones de pesos. La pastelera acordó por contrato ceder su imagen por dos años a cambio de la construcción de una pastelería y un Salón de Usos Múltiples en Las Heras, que beneficiaría a una organización que ayuda a luchar contra la desnutrición infantil, pero del edificio en cuestión “no hay ni un ladrillo”.
Lo que prometía ser un proyecto humanitario lleno de esperanza terminó convertido en un escándalo judicial que dejó al descubierto una traición que golpeó a Maru Botana.
La obra en cuestión estaba destinada a la Fundación Conin, en Las Heras, Mendoza, donde funciona un centro nutricional que buscaba construir una cooperativa para dar trabajo y formación a los jóvenes de la zona.
Botana prestó su imagen durante dos años, totalmente gratis, confiando en una causa que consideraba noble y con una única condición: que el edificio se levantara. Pero la realidad fue otra. El terreno sigue vacío, seco y abandonado. No se hizo absolutamente nada.
Según contó el periodista Luis Bremer, todo comenzó en 2021 cuando la empresa le aseguró a Maru que la construcción arrancaba de inmediato. Dos años más tarde, solo quedaron el silencio y una deuda millonaria.
Así la pastelera presentó la denuncia penal por estafa y fraude contra quienes la convencieron de algo que jamás cumplieron. Botana, en un programa de televisión de Buenos Aires, detalló que la empresa se disolvió, se fue un socio y nadie dio la cara, “fue una decepción enorme, era algo hermoso para los chicos de Conin. Me traicionaron”.
Desde CONIN, comunicaron que “la empresa hizo uso de la imagen de Maru y nunca construyó la cocina”. Y remarcaron cómo nació todo al contar que Botana “ayudaba a las mamás de Fundación CONIN, les daba el uso de sus recetas. Ella les enseñaba a hacer pasta frolas o algunos otros platos y les permitía usar las marcas para venderlas. Incluso les conseguía clientes. Era excelente. Para eso llegó un acuerdo con esta empresa para hacer una cocina en el predio de CONIN, para la cooperativa de mamás de niños que están en tratamiento, para que la pudieran usar para cocinar, para vender, para capacitar a otras madres. Era un proyecto que cerraba claramente”.