El prestigioso artista entrerriano falleció a los 71 años. Dueño de un talento inigualable como intérprete de reparto, director y docente, su rostro fue un sello indiscutido en las ficciones más exitosas y emblemáticas de la televisión argentina.
El ambiente artístico de nuestro país se encuentra profundamente conmovido tras conocerse el fallecimiento de Santiago Ríos, un actor de raza cuya versatilidad y carisma calaron hondo en la memoria colectiva de los espectadores. El intérprete, que tenía 71 años, dejó una huella imborrable en el teatro, el cine y la televisión, transformándose en un comodín de lujo para los principales directores y productoras de la industria, marcando una presencia constante en las pantallas mendocinas a través de la señal de El 9 Televida.

La triste noticia fue confirmada de manera oficial por la Asociación Argentina de Actores y Actrices (entidad a la que estaba afiliado desde 1995) mediante un sentido comunicado en el que expresó sus condolencias y repasó su invaluable aporte cultural: “Lamentamos despedir al actor, director, dramaturgo y docente Santiago Ríos, quien llevó adelante una destacada y continua labor en el ámbito artístico de nuestro país”. Nacido en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, el 15 de octubre de 1955, Ríos se formó con grandes maestros como Juan Carlos Gené y Pablo Cordonet, tras haber transitado una juventud colmada de oficios populares como el reparto de diarios, changas en carnicerías y estudios para ser gasista matriculado.
El actor que estuvo en todos los grandes éxitos de la TV
Aunque sus roles solían ser de reparto, la tremenda capacidad interpretativa de Santiago Ríos lo convirtió en uno de los profesionales más solicitados del medio. Su rostro formó parte de la era dorada de las telecomedias, los programas de humor y los unitarios dramáticos desde finales de la década de los noventa y, de manera ininterrumpida, durante las décadas de 2000 y 2010.

Su abrumador currículum televisivo da cuenta de un récord poco visto, pues ha trabajado en los canales clásicos de aire y en plataformas para las productoras más competitivas del mercado (tales como Polka, Underground, RGB e Ideas del Sur). El público lo recuerda por sus valiosas participaciones en:
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Ficciones de culto y comedias: Los Simuladores, Cha Cha Cha, Tumberos, Casados con hijos y Disputas.
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Telenovelas y tiras diarias: Los Roldán, Son amores, Costumbres argentinas, Lalola, Graduados, Amor en custodia y La Niñera.
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Fenómenos juveniles y recientes: Casi ángeles, Patito Feo, 100 días para enamorarse, Los exitosos Pells, Sandro de América y ATAV – Argentina, tierra de amor y venganza.
Un legado brillante en el teatro y el cine
Más allá de su innegable popularidad en la pantalla chica, el terreno teatral era su gran refugio creativo y un espacio donde desplegó su rol como docente, transmitiendo su experiencia a nuevas camadas de intérpretes. Ríos descolló con idéntica soltura en los circuitos oficiales, comerciales e independientes de la mano de directores de la talla de Rubén Szuchmacher, Pompeyo Audivert, Norman Briski, Agustín Alezzo y José María Muscari.
Entre las incontables obras que integró se destacan piezas de enorme envergadura como Rey Lear, Stefano, Marat-Sade, Diario de un loco, Filomena Marturano, No hay que llorar, Sinvergüenzas y la masiva comedia musical Los Locos Addams. En la pantalla grande también edificó un camino sólido que incluye producciones como 1978, Tiro de gracia, Amor a mares, La boleta, La furia, Corazón iluminado y Un hijo genial. Con su partida física, la colonia artística despide a un laburante de la cultura cuyo legado quedará grabado en la memoria de colegas, alumnos y espectadores.