Menos intensa que la depresión mayor, pero prolongada en el tiempo, este trastorno del estado de ánimo suele confundirse con la personalidad. Reconocer sus síntomas y buscar ayuda profesional es la clave para recuperar el bienestar.
“Existen períodos en los que el cansancio, la apatía y una sensación de desánimo parecen instalarse sin fecha de caducidad. Cuando ese estado de insatisfacción o tristeza leve pero constante se prolonga por al menos dos años, no se trata simplemente de un ‘mal momento’ o de un rasgo de carácter perezoso o pesimista. La psicología y la psiquiatría denominan a este cuadro distimia o trastorno depresivo persistente”, contó el psicólogo Jorge Domínguez.
Y es que la distimia se trata de una condición que afecta profundamente la calidad de vida de quien la padece, a menudo en silencio.
-¿En qué se diferencia de la depresión mayor?
“La distinción principal entre la depresión mayor y la distimia radica en la intensidad y la duración de los síntomas”, contó el psicólogo. A la hora de distinguirlas detalló:
“En la depresión mayor se presenta en episodios agudos y de impacto severo. La persona experimenta una incapacidad casi total para funcionar en su vida cotidiana, acompañada de un sufrimiento emocional profundo que suele durar semanas o meses. En la distimia es de carácter crónico y de intensidad moderada. Los síntomas no suelen ser tan incapacitantes como para paralizar por completo el día a día, lo que lleva a que la persona continúe trabajando o estudiando, pero con un esfuerzo enorme y sin disfrutar del proceso. Como el cuadro se extiende durante años, quien lo sufre tiende a naturalizarlo y asumir que ‘su forma de ser’ es ser irritable, melancólico o de baja energía”.
-¿Qué la causa y qué factores la desencadena?
“La distimia no responde a un único motivo, sino a la interacción de múltiples factores biológicos, psicológicos y ambientales. Entre los principales desencadenantes se encuentran las alteraciones en la química cerebral —particularmente en los neurotransmisores que regulan el estado de ánimo como la serotonina—, antecedentes familiares de trastornos afectivos y la exposición prolongada a situaciones de estrés alto o duelo no elaborado. La baja autoestima y la tendencia a la rumiación cognitiva también incrementan la vulnerabilidad a desarrollarla”.
Claves para tratarla y recuperar la vitalidad
Superar la distimia es un proceso posible que requiere un enfoque integral donde la intervención profesional resulta indispensable:
-
Abordaje profesional especializado: La psicoterapia (especialmente la de enfoque cognitivo-conductual) ayuda a reestructurar patrones de pensamiento negativos y a desarrollar herramientas de afrontamiento. En muchos casos, el tratamiento se combina con medicación recetada por un médico psiquiatra para reequilibrar la química cerebral.
-
Reorganización de hábitos diarios: Establecer una rutina de sueño regular, mantener una alimentación equilibrada y reducir el consumo de alcohol o sustancias deprimogénicas fortalece la estabilidad emocional.
-
Actividad física regular: El ejercicio moderado estimula la liberación de endorfinas y dopamina, actuando como un modulador natural del estado de ánimo y combatiendo la fatiga crónica.
-
Sostener la red de contención social: Aunque la tendencia natural de la distimia sea el aislamiento, mantener el contacto con amigos y familiares cercanos ayuda a romper la rumiación mental y aporta un anclaje emocional afectivo.
“Comprender que la tristeza continua no es una elección personal ni una marca de nacimiento es el primer paso para pedir ayuda. Reconocer la distimia permite abrir la puerta a un tratamiento adecuado y volver a experimentar la vida con entusiasmo y plenitud”, concluyó el psicólogo.
El profesional estuvo en Cada Día