Cuando quiere, puede: Chile impuso respeto de local y se acerca a Rusia 2018

Cuando quiere, puede: Chile impuso respeto de local y se acerca a Rusia 2018

En un electrificante partido, como hace tiempo no se veía, Chile superó a Ecuador por 2-1, con agónico gol de Alexis Sánchez

Mucho se ha comentado de lo reñidas que han sido estas Clasificatorias Sudamericanas, rumbo a Rusia 2018, y es que, ciertamente, es sabido que en Latinoamérica se disputan las eliminatorias más difíciles del mundo.

Justamente, el partido de Chile con Ecuador ilustra muy bien esta situación: un encuentro no apto para cardíacos, donde ambos equipos mostraron un buen nivel futbolístico y que solo se resolvió en los últimos minutos de juego.

La Roja, con más fuerza y coraje que ideas, se impuso por 2-1 ante y quedó tan solo a un paso de asegurar sus pasajes para Rusia 2018, en su tercer mundial consecutivo.

El partido estuvo marcado por la tensión, la cancha resbaladiza y las dudas e inseguridades de un equipo que, aunque intentaba mantenerse lo más concentrado posible, a veces sufría de la aparición de sus viejos fantasmas. 

Así, entonces, los jugadores de ambos equipos tuvieron dificultades para hacer pie en el terreno de juego. Chilenos y ecuatorianos se caían, perdían extraños balones producto del pasto mojado, lo que marcó la pauta de los primeros minutos.

La Roja quería asfixiar, presionar, pero no tenía un funcionamiento “aceitado” en sus circuitos internos, aunque se notaba la motivación y la concentración de los dirigidos de Pizzi. A su vez, el público se mostraba más activo que en otros encuentros, aunque tampoco marcaba la diferencia. Habían minutos donde se oía el aletear de las moscas en el Monumental.

La Roja se movía bien en la cancha, Alexis rotaba, cambiaba de banda con Vargas, y con toques cortos el equipo nacional se asentaba en la cancha, pasito a pasito.

Ahí, el cambio de ritmo, la individualidad desnivelante vino de la mano de Jorge Valdivia, quien con al paso de los minutos comenzó a echarse el equipo al hombro, filtrar pases, sacarse rivales de encima. Sin duda, un jugador necesario para el funcionamiento de la Selección.  

El primer aviso fue de Alexis (6′) con un disparo que se fue a las manos de Máximo Banguera. Después fue Arturo Vidal (13′), quien probó desde distancia, empero, su zurdazo dio en el cuerpo de un visitante, desviando la trayectoria del balón.

Chile buscaba, aunque con poca claridad.

La Marea Roja ya estaba casi muda cuando se juntó por la banda izquierda Alexis y Valdivia -los talentosos del equipo-. El Mago encaró hasta línea de fondo, donde llegó exigido, sin embargo, con un movimiento de cadera, digno de sus mejores movimientos de samba, Valdivia logró hacer pie en el terreno y sacó un “centro de la muerte”, hacia donde estaba Eduardo Vargas, Turboman. El delantero del Tigres mexicano rugió de nuevo y calló bocas en el Monumental, abriendo la cuenta con un fiero derechazo cruzado, a los 22 minutos de juego.

Fin a la sequía goleadora y Rusia volvía al corazón de los 17 millones.

Luego del gol de Vargas, los dirigidos de Juan Antonio bajaron la velocidad, empezaron a rotar el balón y se echaron un poco atrás. Valdivia ponía la pausa y marcaba la diferencia en el medio, como en sus mejores tiempos. Por su parte, el joven Ecuador intentaba imponer la supremacía física, en una cancha que al estar mojada favorecía más a los que apostaban por el choque y la fricción. Aun así, los guantes de Bravos se mantuvieron fríos.

De esta manera, cuando el reloj casi se agotaba en la primera mitad del encuentro, Eugenio Mena (42′) tuvo el 2-0 cuando Valdivia lo dejó, con una nueva magia, en posición inmejorable. Sin embargo el “Chueco Mena” le hizo honor a su apodo y la mandó fuera de la cancha, por lo menos a medio metro del travesaño.

Sin sufrimiento, no vale

Así, al comienzo del segundo tiempo, La Roja se mostró calma, tocando el balón, moviendo el cuero y encarando. De esta manera fue como se gestó una clara situación que pudo, nuevamente, haber sido el 2-0. Un centro pasado del Rey Arturo que Valdivia conectó de palomita, sin embargo, se fue a las nubes.

Quizás el Mago pudo haber intentado otra estrategia, pero apostó por batir las redes por vía aérea, una de sus menos exploradas facetas, elevando el balón sobre el horizontal. 

Ecuador no daba pie atrás, no entregaba nada, no bajaba los brazos en medio de la dura refriega. En eso llegó una siniestra noticia: Vidal recibía amarilla y se perdía el partido con Brasil, un duro golpe para el Rey, que se vino abajo luego de la tarjeta.

Nuevamente, Chile pudo alargar las cifras, esta vez en la cabeza del Tuco Hernández, pero los contragolpes ecuatorianos hacían sufrir a la defensa de Pizzi.

No habían grandes acciones en los respectivos arcos y parecía que Chile apostaba por cerrar el 1-0.

Juan Antonio intentó mover las piezas, se puso nervioso, y recién a los 79′ apostó por el ingreso de Martín Rodríguez en lugar de Vargas, quien aparte del gol no tuvo gran protagonismo en el juego. La idea de Macanudo era apostar a la habilidad del hombre de Cruz Azul para refrescar el ataque nacional.

Pero lo que más se temía, sucedió. El balde de agua fría, el golpe al mentón. A los 84′ un centro mordido dejó al recién ingresado, Romario Ibarra de cara Bravo, quien con un violento derechazo puso el 1-1, destruyendo la mayoría de las esperanzas en el Monumental.

La Generación Dorada se desvanecía en sus términos, jugando bien y no consiguiendo los resultados necesarios.

Pero Chile tuvo momentos de claridad luego del gol ecuatoriano. Tuvo madurez… y un poco de suerte. Cuando quiere, Chile demostró que puede, ya que solo 120 segundos después del gol ecuatoriano, La Roja anotó el 2-1.

La defensa ecuatoriana cometió el único error de todo el partido, que Vidal, el Rey, supo aprovechar, sacando un centro preciso para que Felipe Gutiérrez (que ingresó por Valdivia) quedara en inmejorable posición, pero el ex UC falló en el momento preciso, donde las papas queman, sin embargo, allí, cuando las gargantas se ahogaban en el grito de gol, apareció la estrella del equipo, el llamado a ser importante, Alexis Sánchez, quien solo tuvo que empujar el balón al fondo de las redes ecuatorianas.

Sánchez, el mayor goleador de todos los tiempos de la Roja, sacaba una vez más la tarea adelante.

Ahora hay que tener la mente fría e ir a buscar una hazaña a Brasil. ¿Posible? Todo es posible en estas Eliminatorias, las más difíciles del mundo y con una generación que, una y otra vez, nos demuestra que todo puede pasar.

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