Del esfuerzo que exige el frío a la deshidratación por altas temperaturas, las variaciones térmicas imponen desafíos al sistema circulatorio. Claves y prevenciones para transitar las épocas de transición sin riesgos.
El paso de las estaciones suele ser recibido con entusiasmo o expectativa según el clima que se aproxime. Sin embargo, detrás del vestuario cambiante o la modificación del paisaje, el cuerpo humano debe poner en marcha complejos mecanismos de adaptación fisiológica para mantener su temperatura interna constante. En ese proceso de ajuste, el corazón es el órgano que mayor carga de trabajo asume.
Tal como señala el médico cardiólogo Andrés Donadi, “es fundamental prestar especial atención a las transiciones estacionales de frío o calor, ya que esos períodos de cambio repentino generan un impacto real sobre el sistema cardiovascular, con riesgos que van más allá de un simple malestar pasajero”.
La respuesta cardiovascular frente al frío extremo
Durante los meses invernales o ante bajas bruscas de temperatura, el organismo busca conservar la temperatura corporal central a toda costa. Para evitar la pérdida de calor, los vasos sanguíneos periféricos se contraen (vasoconstricción).
Esta respuesta defensiva tiene consecuencias directas sobre la circulación: al estrecharse el calibre de las arterias, aumenta la resistencia al paso de la sangre, lo que eleva la presión arterial y obliga al músculo cardíaco a bombear con mayor fuerza. En personas con antecedentes de hipertensión, cardiopatías o placas de ateroma previa, este esfuerzo adicional incrementa la probabilidad de sufrir episodios anginosos o eventos severos.
El reto del calor: vasodilatación y riesgo de deshidratación
“En el extremo opuesto, la llegada de las altas temperaturas activa el mecanismo inverso: la vasodilatación. Para disipar el exceso de calor interno, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan, provocando que la presión arterial tienda a descender. Sin embargo, para enfriar el cuerpo el organismo apela a la sudoración, proceso por el cual se pierden importantes volúmenes de agua y minerales esenciales como el sodio y el potasio”, detalló Donadi.
Según precisó el cardiólogo “si la pérdida de líquidos no se repone a tiempo, la sangre se vuelve más densa y el volumen sanguíneo circulante disminuye. Esto exige un ritmo cardíaco más acelerado (taquicardia) para sostener la oxigenación de los tejidos. Mientras que una persona joven y sana compensa este proceso sin mayores sobresaltos mediante la autorregulación, en pacientes adultos mayores o con condiciones de riesgo previas, la combinación de hipotensión, sudoración excesiva y deshidratación puede derivar en descompensaciones graves, arritmias o golpes de calor. Lo importante es la prevención y los controles médicos”, sumé el cardiólogo
Recomendaciones para proteger el corazón todo el año
Afrontar las variaciones térmicas de manera segura requiere incorporar pautas preventivas tanto en la juventud como en la madurez:
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Mantener una hidratación consciente: La regla de oro durante las épocas de calor —y también durante la primavera— es ingerir al menos dos litros de agua potable al día. No hay que esperar a sentir sed para beber, ya que la sed es una señal tardía de deshidratación.
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Evitar la exposición en horas pico: Durante los días calurosos, conviene abstenerse de realizar actividad física intensa al aire libre, buscando siempre lugares frescos y ventilados. Igualmente ante la presencia de viento zonda.
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Vestir en capas térmicas: En los días de frío o en jornadas de transición donde la amplitud térmica es alta, es preferible utilizar varias prendas livianas superpuestas para regular la temperatura según el ambiente.
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Controles periódicos y ajuste de medicación: Las personas en tratamiento por hipertensión o cardiopatías deben consultar a su médico cardiólogo al inicio de cada cambio de estación. En muchos casos, las dosis de antihipertensivos o diuréticos requieren adaptaciones según el clima predominante.
Escuchar las señales del propio cuerpo y responder a las exigencias del clima con hábitos saludables es la mejor estrategia para cuidar el corazón a lo largo de todo el año.
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