Desde su uso, la dualidad de un dispositivo que calma y, al mismo tiempo, genera dependencia, nos hace casi asumir que si bien el celular puede ser un aliado, dependerá el uso que le demos para que no sea un verdugo de nuestra psiquis.
En la vida moderna, el teléfono celular se ha consolidado como una extensión de nuestra identidad, una herramienta omnipresente que nos conecta con el mundo, nos entretiene y nos asiste en innumerables tareas. Sin embargo, su omnipresencia ha desatado un debate crucial sobre su verdadero impacto en nuestra salud mental. Más allá de su funcionalidad, el celular se ha transformado en un “ansiolítico portátil”, una vía de escape instantánea ante el aburrimiento, la ansiedad o la incomodidad social. Su capacidad para proporcionarnos una gratificación inmediata, ya sea a través de un “me gusta” en redes sociales, una notificación de mensaje o un video corto, lo convierte en un refugio de fácil acceso. Esta facilidad, sin embargo, es un arma de doble filo: mientras nos proporciona una sensación momentánea de calma o distracción, también alimenta un ciclo de dependencia que puede erosionar nuestra capacidad para lidiar con el mundo real.
Según precisó la psicóloga Melisa Santilli” el problema radica en que, al recurrir al celular como una muleta emocional, evitamos enfrentar las causas subyacentes de nuestra ansiedad. En lugar de procesar nuestras emociones o resolver un problema, nos sumergimos en la pantalla, posponiendo la confrontación con la realidad. Esta conducta, a largo plazo, puede debilitar nuestras habilidades de afrontamiento, volviéndonos más vulnerables a la ansiedad y el estrés”.
-Suele ocurrir la sensación de estar siempre como “enchufados”, y no poder cortar de alguna manera?
Sí. La constante estimulación que ofrecen las redes sociales y las aplicaciones puede generar una sensación de “estar siempre encendido”, impidiendo que nuestro cerebro se descanse y se recupere. La ansiedad de perdernos algo (FOMO, por sus siglas en inglés) nos mantiene atados al dispositivo, perpetuando un círculo vicioso de verificación constante y comparación social. Por ello, es crucial reconocer la delgada línea entre el uso funcional del celular y su transformación en un escape emocional poco saludable.
Cuándo poner límites
Identificar cuándo el uso del celular ha cruzado la línea de lo saludable es el primer paso para retomar el control. Pero cabe la pregunta ¿Cómo identifico los signos?
“Algunos de los signos de que es momento de establecer límites incluyen la incapacidad para estar en el momento presente sin sentir la necesidad de revisar el teléfono, una sensación de ansiedad o irritabilidad al no tenerlo cerca, o el hecho de que su uso interfiere con las relaciones personales, el trabajo o el sueño. Si el celular se convierte en lo primero que miras al despertar y lo último antes de dormir, es una señal clara de que su uso podría estar afectando su bienestar”, detalló la psicóloga.
“Poner límites no significa demonizar la tecnología, sino aprender a convivir con ella de manera consciente. Una estrategia efectiva es establecer “zonas libres de celular”, como la mesa durante las comidas familiares o el dormitorio. Designar períodos de “desconexión digital” durante el día, aunque sea por 30 minutos, puede ser muy beneficioso. Otra táctica útil es desactivar las notificaciones innecesarias, que son la principal fuente de interrupción y distracción. Al no recibir alertas constantes, la tentación de comprobar el dispositivo disminuirá distribuidamente. También es importante reflexionar sobre el propósito de cada uso: ¿estás usando el celular por una necesidad real o simplemente para evitar la incomodidad? Al hacer esta pregunta, se pueden tomar decisiones más conscientes.
Uso eficiente y responsable
Una vez que ha identificado la necesidad de cambiar, es momento de implementar estrategias que promuevan un uso eficiente y responsable. “Se puede empezar por organizar la pantalla de inicio de tu teléfono. Mové las aplicaciones que te generan más distracción (como redes sociales o juegos) a una segunda pantalla o a una carpeta. Esto requiere un esfuerzo consciente para acceder a ellas, lo que te da un momento para reconsiderar si realmente las necesitamos, o es algo para calmar vacíos o ansiedades.
Utilizar las herramientas que el propio celular ofrece, como los informes de tiempo de pantalla para monitorear el uso y establecer límites de tiempo para aplicaciones específicas es muy conveniente. En lugar de usar el teléfono para llenar cada momento de silencio, aprender a disfrutar de la soledad y la tranquilidad, como aprovechar esos momentos para reflexionar, leer un libro o simplemente observar tu entorno, cultivando la atención plena (mindfulness) puede ser una poderosa herramienta. Algo que puede ayudar para resistir la tentación de la gratificación instantánea que ofrece el celular”.
Recordar que la tecnología es una herramienta y cómo la empleamos para mejorar nuestra vida, no para escapar de ella resulta vital para ser claros con el mundo y con nosotros mismos. Al establecer una relación más sana y consciente con nuestros dispositivos, podemos liberarnos de la ansiedad y redescubrir la riqueza del mundo real.
La profesional estuvo en Cada Día, mirá la nota