Bullying, el enemigo entre nosotros

Bullying, el enemigo entre nosotros

El bullying se potencia con la viralización digital y el silencio de los espectadores. El psicólogo Alejandro Schujman enfatiza la urgencia de educar con empatía desde el hogar, y recuperar la autoridad de poner límites.

El bullying o acoso escolar ha dejado de ser un problema confinado a los pasillos o patios del colegio. Se trata de una forma de violencia sistemática, física o psicológica, ejercida de manera intencionada y reiterada por uno o varios estudiantes sobre un par que se encuentra en posición de desventaja. Si bien la problemática ha existido históricamente, la irrupción de las tecnologías digitales y las redes sociales amplificó su alcance de forma exponencial.

Según precisó el psicólogo Alejandro Schujman “para la persona que lo padece, las consecuencias no son menores: genera un deterioro profundo de la autoestima, aislamiento social, cuadros severos de ansiedad, depresión, fobia escolar e incluso ideaciones suicidas. Cuando el acoso salta al terreno digital ciberbullying, la víctima siente que no tiene refugio, ya que la agresión no se interrumpe al sonar el timbre de salida de la escuela”.

La era de la viralización y el material fotosensible

 

En la actualidad, las plataformas digitales se convirtieron en la herramienta predilecta para ejecutar y propagar el acoso. Un video comprometedor, una foto sacada fuera de contexto o sacada en la intimidad puede circular en cuestión de minutos entre cientos de compañeros.

En este aspecto, el psicólogo y especialista en familias Alejandro Schujman remarca una pauta preventiva fundamental: “educar en la salud digital. Resulta vital concientizar a niños, niñas y adolescentes sobre la importancia de evitar enviarse material fotográfico o audiovisual sensible. La intimidad digital no existe una vez que el archivo sale del propio dispositivo, convirtiéndose en material altamente factible de ser utilizado para el chantaje, la humillación o el acoso sistemático”.

“No hay bullying si no hay testigo”

Uno de los aportes más contundentes del licenciado Schujman sobre esta dinámica radica en correr el foco exclusivo de la dupla agresor-víctima y ponerlo en el grupo que observa. “No hay bullying si no hay testigo”, apunta el especialista. El acoso busca la validación social; se alimenta de las risas, de las reproducciones en redes y del silencio de quienes presencian la agresión sin intervenir.

Por eso, la solución no pasa únicamente por sancionar al agresor, sino por desarticular la complicidad del entorno. Schujman propone encarar una campaña masiva de concientización sostenida en dos pilares:

-Crianza con empatía desde el hogar: Las familias deben enseñar a los chicos a ponerse en el lugar del otro, a registrar el sufrimiento ajeno y a entender el peso real que pueden tener las palabras y las publicaciones.

-Recuperar la potestad y la autoridad adulta: Padres, madres y docentes deben recuperar el rol activo de cuidar y fijar límites claros. La libertad digital de los hijos no puede ser sinónimo de desamparo o falta de supervisión.

Pautas de acción frente a situaciones de acoso

Si un niño, niña o adolescente está atravesando una situación de acoso, se sugieren las siguientes pautas de actuación inmediata:

  • Abrir canales de diálogo sin juzgar: Acompañar a la víctima escuchando su relato sin minimizar el dolor ni cuestionar sus reacciones.

  • No responder a las agresiones digitales: En el caso del acoso virtual, se aconseja no contestar ni alimentar la agresión, pero sí guardar pruebas (capturas de pantalla) y bloquear a las cuentas agresoras.

  • Intervenir institucionalmente: Informar de inmediato a las autoridades escolares para que activen los protocolos de convivencia y contención, involucrando a los gabinetes profesionales.

  • Buscar contención terapéutica: El acompañamiento psicológico es clave para brindar herramientas emocionales al niño o adolescente, que permitan reconstruir su autoconfianza.

“Educar en la empatía, asumir la responsabilidad adulta y desactivar el rol pasivo de los espectadores son los únicos caminos para devolverle a la infancia y la adolescencia espacios seguros de aprendizaje y convivencia”, concluyó el especialista.

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