Bruxismo por estrés, el desgaste invisible

Bruxismo por estrés, el desgaste invisible

Salud bucal/psicología

En la vorágine de la vida moderna, el estrés se ha convertido en una sombra omnipresente. Pero más allá de la ansiedad y el insomnio, esta tensión silenciosa puede manifestarse de formas insospechadas, como el bruxismo por estrés. Claves para hacerle frente.

El acto involuntario de apretar o rechinar los dientes, a menudo durante el sueño, no solo desgasta nuestra dentadura, sino que revela una conexión profunda entre nuestra salud mental y física, con consecuencias que van desde dolores musculares hasta severos daños dentales. Hablamos de bruxismo por estrés.

“El bruxismo es una condición parafuncional que se caracteriza por el hábito involuntario de apretar, rechinar o frotar los dientes, sin que exista un propósito funcional (como la masticación). Puede presentarse durante el día (bruxismo diurno o de vigilia) o, más comúnmente, durante la noche (bruxismo nocturno o del sueño). En este último caso, las personas suelen no ser conscientes de lo que hacen, siendo a menudo alertadas por su pareja, por el dentista o al experimentar sus consecuencias. La fuerza ejercida al apretar o rechinar los dientes es significativamente mayor que la de la masticación normal, lo que lo convierte en un hábito altamente destructivo”, describió la odontóloga Gabriela Sastrón.

Aunque sus causas pueden ser multifactoriales, el estrés y la ansiedad son, sin duda, los principales detonantes del bruxismo en la era contemporánea. La tensión acumulada a lo largo del día, las preocupaciones laborales, económicas o personales, y la dificultad para gestionar las emociones se manifiestan esencialmente en la mandíbula. El sistema nervioso, en su intento por lidiar con el estrés, activa los músculos masticatorios como una válvula de escape. Otros factores psicológicos como la ira reprimida, la frustración, la personalidad competitiva o perfeccionista, y la tendencia a somatizar el estrés también pueden contribuir. Además, ciertos factores fisiológicos como una maloclusión (mala alineación de los dientes), problemas respiratorios del sueño (como la apnea) o el consumo de ciertas sustancias (cafeína, alcohol, tabaco, algunos medicamentos antidepresivos) pueden exacerbar o contribuir al bruxismo.

Según Sastrón “las consecuencias del bruxismo crónico pueden ser severas y variadas, afectando tanto la salud bucal como la calidad de vida general. A nivel dental, el desgaste del esmalte dental es la consecuencia más evidente, pudiendo llevar a la exposición de la dentina y la sensibilidad dental al frío, calor o dulces. En casos avanzados, puede provocar fracturas dentales, aflojamiento de piezas dentales y daño en las restauraciones o coronas. Más allá de los dientes, el bruxismo ejerce una presión excesiva sobre la articulación temporomandibular (ATM), lo que puede resultar en dolor, chasquidos al abrir o cerrar la boca, limitación de la apertura bucal e incluso luxaciones. Los músculos de la mandíbula, cara y cuello se tensan y sobrecargan, provocando dolores de cabeza tensionales (especialmente matutinos), dolor facial crónico, dolor de cuello y hombros, e incluso tinnitus (zumbido en los oídos). La calidad del sueño también se ve afectada, lo que puede llevar a fatiga diurna e irritabilidad”.

Consejos saludables

Afortunadamente, existen diversos consejos y estrategias para gestionar el bruxismo por estrés . El primer paso es buscar una evaluación profesional con un odontólogo, quien podrá diagnosticar la condición, evaluar el daño dental y de la ATM, y recomendar el tratamiento adecuado. A menudo, se sugiere el uso de una férula de descarga o guarda oclusal personalizada, un dispositivo de acrílico que se coloca sobre los dientes para protegerlos del desgaste y reducir la tensión muscular durante la noche.

Sin embargo, dado que el estrés es la causa principal, abordar este factor es crucial. Incorporar técnicas de manejo del estrés en la rutina diaria es fundamental. Esto incluye:

  • Técnicas de relajación: Meditación, mindfulness, yoga, respiración profunda.
  • Actividad física regular: El ejercicio es un excelente liberador de estrés.
  • Higiene del sueño: Establecer una rutina de sueño, evitar pantallas antes de dormir y crear un ambiente propicio para el descanso.
  • Evitar estimulantes: Reducir el consumo de cafeína y alcohol, especialmente en las horas previas al sueño.
  • Atención plena diurna: Ser consciente de la posición de la mandíbula durante el día. Evite apretar los dientes y mantener la mandíbula relajada, con los labios juntos pero los dientes separados.
  • Masajes y estiramientos: Realizá suaves masajes en los músculos de la mandíbula y el cuello, y estiramientos para liberar la tensión acumulada.
  • Terapia psicológica: En casos donde el estrés y la ansiedad son muy intensos o difíciles de manejar, la terapia cognitivo-conductual (TCC) puede ofrecer herramientas efectivas para gestionar las emociones y reducir el bruxismo.

“El bruxismo por estrés es un recordatorio de cómo la mente y el cuerpo están intrínsecamente conectados. Reconocer sus síntomas y adoptar un enfoque integral que combine la protección dental con estrategias efectivas de manejo del estrés es clave para aliviar el dolor, preservar la salud bucal y mejorar la calidad de vida”, concluyó la odontóloga.

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